Dominique Nouvian Ouattara. 9 febrero

ABIDJAN – Un nombre, una identidad oficial y una nacionalidad reconocida por todos: la mayoría damos estas cosas por sentadas. Sin embargo, para casi 250 millones de niños en el mundo, incluidos decenas de millones en el África subsahariana, esos derechos básicos son lujos inalcanzables.

Según la Unicef, los nacimientos de unos 230 millones de niños menores de cinco años –aproximadamente un tercio del total mundial– nunca han sido registrados. Asia es hogar del 59 % de esos niños no registrados y el África subsahariana, de otro 37 %. Todos ellos crecen siendo “invisibles”, aún en su propio país.

El problema es particularmente agudo en ciertos países africanos: por ejemplo, solo el 3 % de los niños en Somalia, el 4 % en Liberia y el 7 % en Etiopía tienen papeles oficiales. Los niveles de registro también varían ampliamente en el interior de los países, tanto en África como en otras partes. Los niños nacidos en zonas rurales, muchas veces muy alejadas de los centros administrativos, tienen menos probabilidades de ser registrados que aquellos residentes en ciudades. El ingreso es otro factor: los niños nacidos en el 20 % más pobre de los hogares tienen muchas más probabilidades de caer en las grietas burocráticas. Los niños de minorías étnicas o de familias de refugiados tienen aún menos posibilidades de aparecer en un registro civil.

Seamos claros: 230 millones de niños no registrados en todo el mundo es una crisis global que necesita soluciones urgentes

Las razones principales para una falta de registro son conocidas. Muchos padres, debido a la falta de educación, o por ignorancia de los procedimientos oficiales, se conforman en cambio con rituales, ceremonias o hasta registros de nacimiento emitidos por las maternidades. Las crisis políticas, las guerras y los desplazamientos internos agravan el problema: a los padres que huyen a un lugar seguro con sus hijos normalmente no les preocupa registrarlos como corresponde.

Las consecuencias, sin embargo, pueden ser graves. Los niños no registrados nacen, viven y mueren en el anonimato. Debido a que su existencia física y legal no es percibida por las autoridades nacionales, suelen estar condenados a vivir en los márgenes de la sociedad.

Los niños que no tienen certificado de nacimiento no pueden demostrar su edad, parentesco o identidad, u obtener papeles oficiales como un pasaporte. Les resulta extremadamente difícil tener acceso a servicios básicos como atención médica, educación y asistencia social. Los niños no registrados también suelen estar entre los primeros en sufrir discriminación y maltrato. Como no se puede comprobar su edad, muchas veces son víctimas del trabajo infantil o del tráfico de personas y, en el caso de las niñas, de matrimonios forzados.

En tanto los gobiernos africanos intentan aumentar las tasas de registro entre sus poblaciones, deberían mantener dos principios fundamentales en mente. Primero, aunque no existe una solución universal para las amplias disparidades en el registro entre y el interior de diferentes países, las estrategias exitosas en un lugar pueden inspirar a los gobiernos en otras partes. Por ejemplo, algunos países, entre ellos Costa de Marfil, han establecido “audiencias judiciales móviles” que recorren el país y permiten que la gente no registrada reciba un certificado de nacimiento.

Por otra parte, desarrollar iniciativas eficientes y sostenibles exige el pleno compromiso de los gobiernos, los responsables de las políticas públicas y las organizaciones no gubernamentales de África, así como el compromiso y la asistencia continuos de agencias internacionales. Por esa razón, me reuní en octubre con la directora regional de Unicef para África occidental y central, Marie-Pierre Poirier, cuyo compromiso y trabajo admiro enormemente. Discutimos la situación de los derechos de los niños en la región, incluido el registro de los nacimientos, la emisión de certificados de nacimiento para todos los niños y la lucha contra la mano de obra infantil, todos ellos intrínsecamente asociados.

Las organizaciones de la sociedad civil y las ONG tienen un papel crucial que desempeñar para reducir las enormes cantidades de niños africanos “invisibles”. La Fundación Niños de África (Children of Africa Foundation), que yo presido, se creó hace 20 años para cuidar de los desventajados y vulnerables, y actualmente opera en 12 países africanos. Sus proyectos en Costa de Marfil incluyen el Children’s Hut (Refugio de los niños) en Abidjan, iniciativas de atención médica como caravanas oftalmológicas y el Hospital Materno-Infantil de Bingerville, y programas educativos como Bibliobús y kits de artículos escolares.

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Por otra parte, he lanzado un importante proyecto junto con los ministros del Interior y de Justicia de Costa de Marfil que permite que todo niño que se inscriba en sexto grado obtenga un certificado de estudios, garantizando así que podrán recibir un certificado de nacimiento. Nuestra esperanza es que otros países en el continente hagan lo mismo.

Seamos claros: 230 millones de niños no registrados en todo el mundo es una crisis global que necesita soluciones urgentes. Cada caso único es una tragedia individual que hace que un niño corra un riesgo serio de discriminación o algo peor, y genera un daño emocional que puede durar una vida entera. Solo defendiendo para todos los niños su derecho más básico –una identidad– podremos asegurar que ningún niño quede rezagado.

Dominique Nouvian Ouattara es primera dama de Costa de Marfil. © Project Syndicate 1995–2019