Eduardo Ulibarri. 22 enero, 2016

El sábado, Estados Unidos y Europa levantaron sus sanciones financieras y comerciales a Irán, luego de que inspectores internacionales certificaran que el país había cumplido con los compromisos del pacto nuclear firmado en julio.

El martes, delegados de las FARC y el Gobierno colombiano definieron la vía para verificar el cese del fuego definitivo en un conflicto con más de medio siglo.

El miércoles, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y su contraparte ruso, Sergei Lavrov, se reunieron en Suiza con un punto crucial de agenda: el conflicto en Ucrania, sobre el cual se han producido gestiones de acercamiento en semanas recientes.

Los hechos anteriores, con ámbitos, posibilidades y relevancia distintos, están unidos por un elemento común: la voluntad de negociar y llegar a acuerdos sobre conflictos que, en algún momento, parecían destinados a perpetuarse y empeorar.

Los avances, en estos casos, no han sido simple producto de la buena voluntad. Tan importantes, o más, han sido las realidades de poder sobre el terreno –sea el efecto económico de las sanciones, la eficacia de los sabotajes cibernéticos o el agotamiento de los beligerantes–; la persistencia y creatividad de las partes; el diseño de mecanismos de verificación y control, y el cuidado no solo de quienes están al frente, sino de quienes viven al lado: los conservadores en Irán y Estados Unidos, o Álvaro Uribe en Colombia.

Convirtamos el telescopio geopolítico en microscopio y dirijámoslo a un ámbito más reducido y benigno: Costa Rica, en particular, Zapote y Cuesta de Moras y la crisis fiscal.

Todos los responsables de buscarle salida saben que no se resolverá sola, y que para cambiar su curso habrá que negociar en serio. La gran pregunta es cómo; la gran preocupación, que ni siquiera se han definido los procedimientos. Da la impresión de que seguimos atrapados en las poses y trincheras, y que algunos, lejos de superarlas, cada vez se amarran más a la intransigencia y rechazan lo obvio: necesitamos menores y más eficaces gastos, mayores y mejores impuestos, mecanismos para garantizar que las promesas se cumplan y aceptación de que, al final, ninguna solución será perfecta y todos deberán ceder para evitar lo peor y alcanzar lo mejor posible. ¿Listos?

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).