Columnistas

Mi admiración por el movimiento cooperativo

El movimiento cooperativo surgió en la Revolución Industrial como respuesta a las circunstancias

Vivo eternamente agradecido a los cooperativistas de mi país el haberme honrado con el cargo de presidente honorario. En muchas ocasiones, he escrito sobre lo que significa para mí el movimiento cooperativo.

Estas letras quiero dirigirlas a los líderes de la juventud cooperativista, porque ellos representan una verdadera fuente de inspiración.

En los tiempos que corren, en que es más fácil encontrar un joven dirigiendo una pandilla que un grupo político; en que es más fácil encontrar un desertor del colegio que un activista juvenil; en que es más fácil encontrar miles de muchachos sumidos en la apatía o el resentimiento, que a uno dispuesto a hacer algo por cambiar el país por los medios pacíficos e institucionales.

En estos tiempos en que la juventud se nos rinde antes de dar la batalla, es una verdadera alegría escribir a la juventud cooperativa.

Con mucha frecuencia he hablado y escrito del movimiento cooperativo, de la profunda admiración que siento por él y de mi convicción de que es indispensable para el desarrollo equitativo de una nación como la nuestra. También en muchas otras oportunidades he hablado y escrito de la juventud costarricense, de mi fe y mi esperanza en lo que cada uno de nuestros jóvenes es capaz de hacer. Escribir sobre la juventud cooperativa es siempre para mí un privilegio: estoy convencido de que el movimiento cooperativo es el mejor aliado de la juventud.

Tres grandes períodos de expansión mundial han existido en la historia: el descubrimiento de América, la Revolución Industrial y la globalización.

El movimiento cooperativo surge en medio del segundo, la Revolución Industrial, como respuesta a las circunstancias en que vivían los trabajadores en ese momento.

Hoy estamos indefectiblemente inmersos en la globalización ya que el mundo se ha convertido en un mercado de proporciones descomunales: estamos frente a la tercera expansión mundial, y nos toca preguntarnos si seremos capaces de dar una respuesta acorde con las exigencias de nuestro tiempo, tal como lo hicieron los fundadores del cooperativismo hace 165 años.

Esa respuesta debe venir de todo el movimiento cooperativo, pero principalmente de su juventud. Porque si los jóvenes renuncian a la evolución, si se niegan al cambio y rechazan toda forma de innovación, ¿seremos acaso sus padres los responsables de transformar el mundo?

Durante la campaña del referendo por el TLC en el año 2007, tuve la oportunidad de encontrarme con muchos jóvenes que clamaban que este país se negara al cambio, y más bien luchara por volver a ser como fue hace 30 años.

No pude evitar preguntarme si esta sería la primera generación en la historia que en lugar de avanzar quería retroceder; no pude evitar preguntarme si esta sería la primera generación en la historia que no quería vivir su vida, sino la de sus abuelos; no pude evitar preguntarme si esta sería la primera generación en la historia que en lugar de construir su futuro, quería resucitar un pasado que ya nunca más podía volver.

En ocasiones me sentí frustrado, porque de verdad creo que una juventud que se resiste al cambio es una juventud que se niega a ser juventud.

Pero siempre he tenido motivo para conservar la esperanza. A lo largo de mi carrera política, me he topado en muchas ocasiones con muchachos que me han demostrado con su actitud que han aceptado la responsabilidad de vivir su época, y sacar de ella lo mejor para su bien y el de Costa Rica.

No me cabe la menor duda de que líderes juveniles cooperativistas forman parte de ese grupo de jóvenes.

Cada quien tiene su hora y su momento, y este es el momento de los jóvenes. La juventud tiene en sus manos un enorme potencial. Con la apertura de los mercados hay muchas más oportunidades que están disponibles para aquel que se atreva a buscarlas.

Ojalá esas oportunidades las obtengan los jóvenes y, especialmente, los jóvenes cooperativistas. El gran reto de las cooperativas en nuestros días es el de lograr ser también competitivas, no solo frente a otras cooperativas, sino frente a cualquier tipo de empresa.

Para ser competitivos es necesario innovar, y nadie es mejor en eso que la juventud. Pero también es necesario llevar el pulso a las expectativas de los consumidores.

Esa es un área en donde las cooperativas pueden crecer sorprendentemente, porque las personas están haciendo sus elecciones de consumo cada vez más basadas en criterios éticos.

Cada vez es más importante que el producto que se consume sea orgánico, que en la elaboración no se empleen niños ni se explote a los trabajadores, que la empresa en donde se fabrica tenga buenos programas de responsabilidad social empresarial.

Desde esta perspectiva, una cooperativa tiene una enorme ventaja competitiva, porque sus productos y servicios no solo llevan sello de calidad, sino también de solidaridad.

Debemos crear un mundo que nos permita que cuanto más se profundice la globalización, mayor sea la solidaridad global y mayor el interés por producir bajo un esquema como el cooperativo.

Creo que si el movimiento cooperativo y particularmente los más jóvenes son capaces de comprenderlo, el movimiento cooperativo sabrá cumplir el reto de sus tiempos, y sin abandonar sus raíces podrá realizar un cambio como aquel que comenzó en Inglaterra el cooperativismo en el origen de su existencia.

El poeta irlandés sir John Denham dijo en una ocasión que “la juventud demuestra lo que la edad de un hombre probablemente llegue a ser; pues a partir de nuestros principios nuestros finales podemos ver”.

Si esto es cierto para la edad de un ser humano, también es cierto para la edad de un país o una nación. Aquello que su juventud sea hoy, determinará lo que el país llegue a ser en los próximos años.

Siempre he soñado con una Costa Rica justa, próspera, solidaria, y que en algún momento se convierta en un país del primer mundo. Esa Costa Rica solo podrá construirse con las manos de todos nosotros, pero principalmente con las manos de nuestros jóvenes.

Tengo fe en que la juventud costarricense sabrá moldear ese futuro con los mismos valores de siempre, pero con ideas que nunca se nos han ocurrido y proyectos que nunca hemos imaginado.

Tengo fe en que la juventud costarricense no nos condenará a dar vueltas en los círculos del pasado, sino que nos llevará a conquistar el horizonte de aquello que todavía no hemos vivido, porque la vida está hacia delante y los jóvenes tienen que atreverse a vivirla.

oscar@arias.cr

El autor es expresidente de la República.

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