Jorge Woodbridge. 19 abril

No parece racional que en medio de una crisis fiscal no se quiera contener el crecimiento del gasto. Digo “no se quiera” porque se puede, pero se les tiene tanto miedo a los sindicatos que por ello no se hace nada para resolver este problema. De los 330.000 empleados públicos, solo 127.000 están sindicalizados. ¡Es decir, 127.000 personas mandan en un país de casi 5 millones de personas! Algo no anda bien. Son como el ejército que en una dictadura mantiene al gobierno intocable.

Ahora bien, es insensato que se estén solicitando nuevos sacrificios al pueblo con nuevos impuestos y el gobierno siga expandiendo el gasto. Veamos solo el ejemplo de la educación. El mejor ejemplo de todos porque es el gasto mayor que hace el Estado y es donde se ven menos los resultados.

Una más competitiva educación asegura un mejor futuro y es la clave para acabar con la pobreza y el desempleo

En el Diagnóstico del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA), llevado a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en el 2015, en lugar de escalar mejores posiciones, retrocedimos en ciencias, matemáticas y lectura, respecto al 2012. Esto significa que nuestros jóvenes de 15 años van a tener grandes problemas para enfrentar los nuevos retos de una economía cada vez más competitiva. De una economía basada en la tecnología, el dominio del inglés y las matemáticas.

En los últimos 18 años, Costa Rica ha duplicado la inversión en educación pública al pasar de un 4 % PIB a un 8 %. En el 2018, el MEP pagará más pluses que salarios. Solo en pluses, el MEP pagará este año ¢659.000 millones y en salarios ¢655.000 millones, lo que equivale a ¢1,31 billones. Tiene 50 tipos de pluses con todo el respaldo legal de sus convenciones colectivas.

Crecimiento. Este año, el MEP aumentará 2.638 plazas nuevas a pesar de que la matrícula disminuyó y los egresados de los colegios cada vez son menos. El presupuesto del MEP ha aumentado en ¢429.000 millones en solo cuatro años. Las pensiones del Régimen Transitorio de Reparto del Magisterio, con 43.151 jubilados, significan ¢573.000 millones este año, con un incremento de ¢137.000 millones en los últimos cuatro años.

Los pensionados aportan solo el 5% de este rubro y más de 6.500 jubilados reciben más de ¢1,5 millones mensuales.

Viendo esas cifras, es lógico pensar que ya no podemos hablar de ajustes simples en el gasto público, requerimos ajustes estructurales. No es procedente que este año el MEP negocie nuevos pluses con los sindicatos (ANDE-SEC-Sitracome) teniendo claro que la actual estructura de pluses no obedece a mejoras de calidad y productividad.

La OCDE señala claramente que Costa Rica invierte en educación como porcentaje del PIB más que sus 35 países miembros, incluyendo Finlandia y Alemania.

La inamovilidad, la falta de evaluación periódica de su equipo docente, la falta de infraestructura, los altos gastos administrativos, el desorden interno que permitió sobregiros por ¢19.000 millones en solo tres años, el pago a 900 docentes fallecidos, la complejidad de una planilla de 85.000 empleados, nos están pasando la factura.

Situación en primaria. En el 2016, asistieron a primaria 475.756 estudiantes, el 90 % estaba en escuelas públicas y el 9,1 % en sexto grado tenía dos o más años de atraso. Los niños de hogares con baja educación siguen siendo los más vulnerables y solo el 76 % termina la primaria.

Solo 5 de las 30 carreras universitarias que gradúan educadores están acreditadas. El 58 % de los docentes de primaria son graduados de universidades privadas y no se les ha exigido que vengan de universidades acreditadas. El 60 % de los docentes del MEP son mayores de 40 años y el 46 % se pensionará entre el 2026 y el 2040, lo que se convierte en un problema estructural muy complejo para hacer evaluaciones, programas y enseñar nuevas tecnologías.

El inglés se da en las escuelas públicas, pero el nivel es muy básico y la mayoría de los profesores no domina el idioma, por lo que debemos hacer un programa de formación y evaluación integral.

Los problemas de aprendizaje siguen presentándose por la incapacidad de nuestros estudiantes para plantear ideas y opiniones. La falta de comprensión al terminar la primaria incide seriamente en matemáticas y alfabetización lectiva. Otros problemas son la carencia de conectividad en banda ancha, infraestructura, tecnología, capacidades pedagógicas, evaluaciones, la creatividad y la innovación.

Secundaria. Es preocupante que solo el 50 % de los estudiantes que se matriculan en secundaria terminan sus estudios. El inglés y otros idiomas son claves en esta nueva era y están ausentes en más del 90 % de los colegios públicos. La mayoría de los profesores no poseen buen conocimiento de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Las juntas de educación no tienen un buen perfil para el control de los presupuestos de gastos e infraestructura. Invertimos más de $400 millones para incentivar el estudio con becas (29 %), transporte (12 %) y comedores (75 %), pero solo el 75 % de los 40.000 estudiantes aprueban el bachillerato, siendo la matemática la materia más compleja.

Los programas “Yo Me Apunto” y “Colegios de Alta Oportunidad” han dado un apoyo importante a centros educativos con serios problemas de inclusión; no obstante, los problemas persisten.

Cada vez nuestra enseñanza se deteriora más en comparación con los países de la OCDE. Hay que preparar buenos profesores de Inglés, Matemáticas y Ciencias. Solo si hacemos una buena selección y evaluamos periódicamente con acompañamiento lograremos cambiar la tendencia. Hay que acabar con procesos administrativos burocráticos y complejos, para centrarnos en el aprendizaje y las habilidades.

Universidades públicas. De los graduados en bachillerato, solo el 61 % continúa en las universidades y el 75 % de la matrícula en las universidades públicas corresponde a los colegios públicos. Los graduados en colegios privados tienen mayores posibilidades de ingresar a las universidades públicas por su mejor formación.

Las universidades públicas admiten solo el 20 % de las solicitudes de ingreso. Las universidades privadas matriculan igual cantidad de estudiantes que las públicas, solo que gradúan el doble de profesionales. El Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) viene creciendo aceleradamente en los últimos ocho años en más de ¢290.000 millones (0,87 % del PIB), situación que debe corregirse ante la actual realidad económica.

El TEC tiene un 32 % de sus carreras acreditadas y sus egresados son los más demandados por la nueva economía del conocimiento. El 64 % de los gastos de las universidades públicas es en remuneraciones. La demanda por ingenieros y técnicos bilingües crece en forma acelerada y la Cámara de Tecnología e Información requiere más de 7.000 profesionales faltantes en el mercado.

Las universidades públicas y privadas no han ajustado la oferta a la demanda del mercado. Solo 2.000 estudiante son admitidos por el TEC al año, por la forma como se asignan los recursos en el FEES. Solo el 28 % de la población entre 18 y 24 años asiste a la educación superior, por lo que hay que hacer importantes transformaciones en el INA, para convertirlo en un politécnico, con otro perfil de oferta de productos.

Las universidades públicas cubren con becas al 50 % de su población estudiantil y tienen estrategias para apoyar a los más vulnerables; no obstante, más del 40 % de los graduados en las universidades publicas provienen de estratos altos.

Una más competitiva educación asegura un mejor futuro y es la clave para acabar con la pobreza y el desempleo. Si queremos cerrar brechas sociales, no sigamos aumentando la inversión en educación sin antes acabar con los serios problemas de calidad, pertinencia, tecnología e infraestructura. Y un problema que debe resolver el sistema educativo es el de los ninis: 150.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan. ¿Qué oportunidades podemos darles tomando fondos del FEES? Ese sería un buen proyecto para la próxima administración.

El autor es ingeniero.