Fernando Durán Ayanegui. 28 octubre, 2017

La semana antepasada, el presidente checo, Milos Zeman, se presentó en una rueda de prensa con una AK-47 de utilería y, mostrándola, saludó a los presentes: “Para los periodistas”. Tal vez el político bohemio creyó hacer un chiste y, de no ser porque alguna vez él mismo llamó “hienas” y “estiércol” a los periodistas, habríamos pensado que solo intentaba caricaturizar a un conocido líder mundial. Lo peor fue que ejecutó su amenazadora payasada pocos días después de que en otro país europeo, Malta, fue asesinada con un coche bomba una periodista investigadora. Lo menos que podríamos decir es que el mandatario checo tiene un detestable sentido del humor.

Esa misma semana, en Ucrania, miles participaron en la más concurrida marcha nazi europea de tiempos recientes. Los manifestantes pedían que los ucranianos que colaboraron con los crímenes de la ocupación alemana en los inicios de la Segunda Guerra Mundial sean declarados “héroes nacionales”, y a la cabeza del desfile marchaba un notable antisemita, destacado por haber hecho declaraciones incendiarias contra lo que él llama “la judería organizada”.

Casi “a tiro de almanaque”, en Roma, los fanáticos de la Lazio, el equipo más castigado en Italia por los excesos racistas de sus “hinchas”, y cuyo capitán causó furor alguna vez haciendo en el terreno de juego el saludo fascista, fue puesto bajo investigación por la Federación Italiana de Fútbol porque los “civilizados” miembros de su “barra” pegaron, en un estadio romano, carteles antisemitas en los que se insultaba de manera abominable a la recordada Anna Frank.

Aun cuando el último episodio ha sido destacado, quizás por relacionarse con un deporte popular, los otros dos fueron inexplicablemente silenciados por la prensa europea, lo que nos lleva a preguntarnos si los periodistas no estarán incurriendo en una temeraria ambigüedad al no darles la importancia que ameritan como señales de lo que se pudiera estar avecinando.

Pero eso no ocurre solo en el primer mundo. En este lado del Atlántico, no tuvo impacto mediático el que la Iglesia Evangélica Renovando a Costa Rica recordara a las personas “de tez humilde que no agradan al señor”, que “los ángeles son blancos y de ojos azules” y les ofreciera “jabones de Jehová” cuya capacidad blanqueadora “combate la marca de Caín”.