Por: Luis Mesalles.   23 julio, 2016

Los ticos nos enorgullecemos de vivir en un país donde tenemos libertad para expresar nuestra opinión sin temor a ser reprimidos. Sea esto cuando votamos en las urnas o cuando discutimos o escribimos sobre política, economía o cualquier otro tema. Pero cuando se trata de la libertad económica, el acuerdo no es tan unánime.

Al analizar distintos índices de libertad económica, como los de la Fundación Heritage y del Instituto Fraser, nos damos cuenta de que los países con mayor progreso económico son aquellos donde existe más libertad.

Esto es donde los ciudadanos pueden escoger qué, cómo y dónde comprar, invertir o trabajar. Al contrario, en países donde impera la represión económica es donde más miseria existe.

Aun así, mucha gente cree que para vivir mejor hay que ponerles trabas al comercio de bienes y servicios y a los movimientos de capitales y de personas. Los discursos populistas, que prometen oprimir libertades económicas, para con ello mejorar la calidad de vida de los pobres, han sido muy comunes en Latinoamérica. Sin embargo, la evidencia muestra todo lo contrario, tal como lo reflejan las fotos de miles de venezolanos cruzando un puente en la frontera con Colombia para conseguir artículos de primera necesidad.

Lo curioso es escuchar ahora discursos similares en países como Estados Unidos (Trump y Sanders), España (Podemos) y el Reino Unido ( brexit ).

Esta semana participé en un panel organizado por la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE), para debatir sobre la agenda de libertad económica en Costa Rica. De la discusión, compartida con Rigoberto Stewart, Rodolfo Piza y Otto Guevara, podría decir que hubo acuerdo en que, para defender y perfeccionar la libertad económica, es fundamental mejorar la seguridad jurídica (justicia pronta y cumplida) y la seguridad ciudadana (que la gente pueda circular libremente); racionalizar el tamaño del Estado (control del gasto público); reducir la participación del Estado en el ámbito privado (combustibles, telecomunicaciones, banca, seguros, licores); y controlar las estructuras oligopólicas privadas (fomentadas por regulaciones).

Además, debe permitírseles a los costarricenses mayor libertad para comerciar (reducir obstáculos a las importaciones); hacer negocios (reducir regulaciones que entraban); fijar precios (eliminar controles); y elegir dónde recibir servicios como salud y educación.

La tarea no es fácil. Pero si queremos prosperar, debemos defender y mejorar la libertad económica.