Mahmoud Mohieldin, Svetlana Klimenko. 30 julio

WASHINGTON DC – Cada mes de julio, en los pasados tres años, docenas de países se reunieron con el objetivo de presentar sus planes nacionales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En el último de estos Foros Políticos de Alto Nivel de las Naciones Unidas, los gobiernos presentaron impresionantes planes, pero casi ninguno de los planes incluía presupuestos o fuentes de ingresos realistas.

Las estimaciones de la brecha de la inversión en desarrollo típicamente se ubican en los millones de millones de dólares, mientras que la asistencia oficial para el desarrollo ronda los $140.000 millones por año. Una forma eficaz de ayudar a cerrar esta brecha de financiamiento es catalizar una inversión sustancial que provenga del sector privado.

El financiamiento de los ODS por parte del sector privado se produciría a través de inversores institucionales establecidos, incluidos los fondos de pensiones, los fondos soberanos y las aseguradoras

El sector privado ha desempeñado durante mucho tiempo un rol integral en el desarrollo económico y la reducción de la pobreza – rol que va mucho más allá de las finanzas–. Las empresas privadas en el mundo en desarrollo crean el 90 % de los puestos de trabajo (que es la forma más efectiva de sacar a las personas de la pobreza) y facilitan la mejora de la eficiencia, la adopción tecnológica y la innovación, así como la distribución de bienes y servicios.

El financiamiento de los ODS por parte del sector privado se produciría a través de inversores institucionales establecidos, incluidos los fondos de pensiones, los fondos soberanos y las aseguradoras, que en su conjunto representan millones de millones de dólares de “capital paciente”. Sin embargo, tal como están las cosas, los inversores institucionales asignan solo un porcentaje pequeño de activos a las llamadas inversiones de impacto, mientras que se canalizan grandes sumas hacia un número relativamente pequeño de empresas públicas.

La clave para alcanzar los ODS es, por lo tanto, impulsar a las empresas públicas –especialmente a las grandes empresas que reciben la mayoría de las inversiones institucionales– para que tengan en cuenta los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG, por sus siglas en inglés) relevantes a los ODS en su toma de decisiones. Este enfoque reconoce la necesidad de adoptar una perspectiva a largo plazo cuando se implementan los ODS, incluso mientras respondemos ante su urgencia.

La buena noticia es que la inversión cimentada en los criterios ASG ya está en aumento, y la mayoría de los principales inversores institucionales integran los factores ASG en sus estrategias de inversión, al menos hasta cierto punto. El documento Global Sustainable Investment Review del 2016 informó que $22,89 millones de millones de activos fueron “gestionados profesionalmente bajo estrategias de inversión responsable” en todo el mundo, un incremento del 25 % en comparación con el año 2014. Europa dio cuenta de $12 millones de millones, y el total de Estados Unidos fue de $8,7 millones de millones, sin embargo, las tasas de crecimiento más altas ocurrieron en Japón y Oceanía.

Al ver la concientización sobre los criterios ASG como una forma de mitigar el riesgo e incluso como una fuente de mejores oportunidades que las previstas, los inversores institucionales buscan incorporar este enfoque en sus actividades principales. Esto es un buen augurio para los ODS, pero todavía hay desafíos importantes que superar, comenzando con una comprensión inadecuada del vínculo entre las normas de los criterios ASG y los ODS.

Solo unas pocas empresas y unos pocos inversores están utilizando los ODS como base para estrategias centradas en la sostenibilidad. Pero la única forma de aumentar el valor para los accionistas y contribuir al logro de los ODS es que las compañías y los inversionistas se aseguren, de antemano, que sus actividades se centren en los estándares ASG que sean materiales, para ambos, es decir revistan importancia para su industria o negocio y sean útiles para avanzar hacia el logro de los ODS.

En un artículo reciente, Gianni Betti, Costanza Consolandi y Robert G. Eccles trazan un mapa de los temas relevantes a los criterios ASG que fueron identificados por el Sustainability Accounting Standards Board (SASB) en 79 industrias dentro de diez sectores, agrupados por ODS. Las empresas que utilizan este tipo de mapeo comprenderán a qué ODS contribuirían –hasta el nivel de los propósitos– cuando ellas logran un buen desempeño con respecto a los criterios ASG que eligieron.

Al revisar los datos sobre el desempeño de las compañías en relación a los criterios ASG, los inversores pueden ver la forma cómo sus fondos están contribuyendo a la consecución de los ODS. Sobre la base de esta información, ellos pueden decidir reasignar sus recursos hacia, o involucrarse en, actividades empresariales con las empresas que tienen un mejor desempeño.

En el año 2016, Mozaffar Khan, George Serafeim y Aaron Yoon crearon carteras de compañías que se estaban desempeñando bien y deficientemente con relación a asuntos materiales de su industria. Las empresas con el mayor retorno activo anualizado (alfa), que se ubicó en un nivel del 4,8 % tuvieron un buen desempeño en los asuntos materiales y uno deficiente en los asuntos inmateriales. Aquellos con el alfa más bajo, -2,2 %, tuvieron un bajo desempeño en ambos. Lo que es grave, sin embargo, es que las divergencias no comenzaron a aparecer hasta después de 7 a 8 años.

Esto demuestra que los ejecutivos deben equilibrar la atención al desempeño a corto plazo con una perspectiva a largo plazo. Eso incluye una comprensión de qué temas relativos a ASG serán materiales para su industria en el futuro, y qué esfuerzos de ASG en esas áreas pueden servir para avanzar.

Los inversores podrían considerar tomar una visión a largo plazo con respecto al rendimiento financiero de sus carteras basadas en criterios ASG. Estos inversores pueden esperar recibir informes periódicos sobre el desempeño de los criterios ASG y sobre su contribución a los ODS relevantes –al igual que reciben informes periódicos sobre el desempeño financiero– con la finalidad de monitorear el progreso y hacer ajustes, si son necesarios.

En muchos sentidos, las empresas privadas ya están contribuyendo a los ODS, pero lo están haciendo de una manera ad hoc que no está adecuadamente etiquetada o dirigida. Al crear estrategias inteligentes, integrales y claramente definidas, las empresas privadas no solo pueden obtener reconocimiento por sus esfuerzos; también pueden ayudar a los gobiernos a establecer presupuestos realistas y planes de financiación claros para los ODS.

Mahmoud Mohieldin es vicepresidente senior en el World Bank Group.

Svetlana Klimenko es especialista líder en gestión financiera en el World Bank Group. © Project Syndicate 1995–2018