Luis Mesalles. 10 mayo

Al celebrar su primer año, el principal logro del gobierno ha sido la aprobación de la reforma fiscal. Aunque no es una solución perfecta, la administración logró buena parte de la ruta trazada y, con ello, aplacó un poco la presión que el enorme y creciente déficit fiscal ejercía sobre la economía.

Lo que sigue, en mi opinión, es que el gobierno se concentre en la ejecución de medidas que impulsen la reactivación de la economía. Con ello, no solo ayudaría a consolidar la senda de la solución fiscal, sino que, además, contribuiría a reducir en algo el alto desempleo que sufre el país.

El gobierno ya tiene una agenda de reactivación; sin embargo, los efectos de su ejecución aún no son notorios. Por un lado, porque me parece que le ha hecho falta empujar más fuertemente dicha agenda. Su preocupación principal ha sido detener la hemorragia fiscal, por lo cual la reactivación quedó en segundo plano.

La aprobación de la reforma fiscal puede haber sido una condición necesaria para recuperar la tranquilidad, pero claramente no es suficiente.

Por el otro, para hacer crecer la economía más rápido, tanto empresarios como consumidores deben sentir confianza en el futuro. Si bien las más recientes encuestas, tanto de la Universidad de Costa Rica como de la Uccaep, muestran que los índices de confianza de consumidores y empresarios mejoraron ligeramente, siguen en rangos relativamente bajos.

La aprobación de la reforma fiscal puede haber sido una condición necesaria para recuperar la tranquilidad, pero claramente no es suficiente. Son necesarias señales adicionales que confirmen que el gobierno seguirá la senda de la austeridad y la búsqueda de eficiencia en el gasto, al mismo tiempo que impulsa a quienes se atreven a emprender.

Esta administración a veces parece querer avanzar en la dirección anotada, pero en otras es como si fuera por otro rumbo. Por ejemplo: presenta una propuesta de reforma del empleo público muy lite; insiste en impulsar una reforma de extinción del dominio que asusta a mucha gente; firma un convenio de educación con Cuba, en apariencia intrascendente, pero impregnado de un gran simbolismo, sobre todo, a la luz de lo que está sucediendo en Venezuela; y el ministro de la Presidencia, líder del equipo económico, anuncia su eventual salida del gobierno y genera dudas sobre la consolidación de la solución fiscal.

Para generar confianza y reactivar la economía, discurso y acciones deben marchar, decididamente, por el mismo derrotero.

El autor es economista.