Luis Mesalles. 17 enero

Rodrigo Cubero está optimista. Nos dice que el indicador mensual de actividad económica (IMAE) muestra que la economía se ha recuperado. Pero las cámaras de Comercio y de la Construcción no están tan optimistas. Ellas no observan esa recuperación en sus sectores.

Hay razones para pensar que lo peor ya pasó, pero no tanto como para echar las campanas al vuelo.

Cubero mismo nos dice que la economía no crecerá mucho más ni el desempleo bajará significativamente si no hay reformas estructurales. Tiene razón.

Una parte de la recuperación del IMAE se debe al impulso de los sectores dedicados a atender la demanda externa. La producción en regímenes especiales (zona franca) crece, y mucho.

Aunque no sea cierto que somos el tercer país más atractivo del mundo para invertir, Costa Rica sí tiene muy buenas condiciones para interesar a cierto tipo de empresas para que vengan a operar y exportar desde aquí. Si además les damos un trato VIP, con una carga de impuestos baja, facilidades para hacer trámites y un buen acompañamiento institucional, todavía mejor.

Otra parte de la recuperación del IMAE se debe a factores coyunturales. La agricultura, luego de una mala racha en producción y precios, se recupera. Los servicios de educación y salud crecen mucho, pero porque se comparan meses normales este año con el periodo de huelga del año anterior. El comercio mejora un poco más, pero, también, en mucho, explicado por el efecto “no huelga”. La construcción sigue decreciendo, aunque con el consuelo de que ahora es menos negativo.

Los sectores dedicados a atender la demanda interna se enfrentan a un mercado en el cual la gente todavía no tiene suficiente confianza para gastar o invertir. Además, afrontan una carga impositiva cada vez más elevada —el ministro de Hacienda ya anunció que se concentrará en la recaudación de más impuestos—. La cantidad de trámites, y la arbitrariedad con que se aplican, imponen enormes dificultades a toda persona que desee iniciar o ampliar su negocito.

Cubero mismo nos dice que la economía no crecerá mucho más ni el desempleo bajará significativamente si no hay reformas estructurales. Tiene razón. Yo le agrego que esas reformas deberían estar dirigidas a crear las condiciones para que todos los sectores sean tratados como los inversionistas de las zonas francas: menos impuestos, menos trabas y el acompañamiento de servidores públicos para ayudar a todo aquel que pretenda emprender un negocio. Solo así habrá una reactivación real.

El autor es economista.