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Letras de cambio: Sin echar las campanas al vuelo

Aunque las cifras económicas del 2020 se vean un poquito mejor, queda mucho por hacer

La noticia de que el déficit fiscal del 2020 fue menos de lo proyectado es muy positiva. El 2020 fue un año muy duro. Los ingresos fiscales disminuyeron un 11 %, producto de la caída en la actividad económica por la pandemia. Además, el gobierno gastó más recursos para atender la salud de la población y ayudar a las personas más afectadas por el impacto económico de la covid-19.

Por eso, es de resaltar que las remuneraciones prácticamente no crecieran en el 2020 —luego de subir un 4 %, en promedio, en los últimos cuatro años— y las transferencias a otras instituciones públicas decrecieron un 14 %. El Ministerio de Hacienda se zocó la faja, como debía ser.

A lo anterior debe sumarse que el Banco Central hizo una revisión del cálculo de la producción nacional (producto interno bruto o PIB) y encontró que ahora la economía es un 3,5 % mayor de lo anteriormente estimado.

Eso significa que muchos indicadores, que usualmente calculamos en relación con el tamaño de la economía, ahora se ven mejor. Particularmente, el déficit fiscal, que antes representaba un 8,3 % del PIB, pasó al 8,1 %. Algo parecido le sucedió a la deuda pública, que de 69,7 % del PIB bajó al 67,5 %.

Estas buenas noticias hay que matizarlas. No puede ocultarse que el déficit fiscal sigue siendo altísimo. Además, persiste el déficit primario (sin contar intereses), que significa que el gobierno debe endeudarse para poder pagar gastos básicos, como la planilla.

Luego, una buena parte de la reducción del gasto fue originada por recortes en gastos de capital: la inversión pública, lo cual va en contra del crecimiento potencial de nuestra economía.

Si bien el Banco Central dice que el PIB ahora es más grande de lo que pensábamos, la realidad es que, en el mejor de los casos, a finales del 2021, la economía costarricense será un 7 % más pequeña —o más pobre— de lo habría sido si no nos hubiera azotado la pandemia.

El gobierno no debe echar las campanas al vuelo con estas noticias. Aún falta muchísimo como para decir que nuestra economía está fuera de peligro. No debe aflojar en sus esfuerzos por balancear las finanzas públicas y hacer que la economía crezca en forma sostenida.

Los diputados tampoco pueden pensar que la tarea está hecha. Deben evitar los cálculos políticos, aunque suene imposible en un año electoral.

lmesalles@ecoanalisis.org

El autor es economista.