Luis Mesalles.   27 septiembre

La Asamblea Legislativa tiene pendiente de discusión un proyecto para cobrar el impuesto sobre renta a las cooperativas. El gravamen genera grandes pasiones y es la razón por la cual los políticos rehúsan tratar el asunto de momento. Más que discutir sobre cooperativas, me parece que es hora de hablar sobre los cambios estructurales al impuesto sobre la renta.

El tributo está lleno de distorsiones, pues se ha utilizado para promover y subsidiar a diversos sectores y para esquemas de organización.

La renta se cobra, no de acuerdo con la riqueza generada por cada uno, sino con otros criterios. Ese método promueve la ineficiencia.

Dependiendo de quién sea usted, cómo se organiza o dónde invierte, así paga impuestos o no. Si se organiza como empresa, paga distinto a quienes forman una cooperativa. Si su empresa es grande, le cobran un monto que no es igual al de una pequeña. El gravamen es diferente si se invierten los ahorros en una cooperativa o en el Banco Popular, si invierte en un banco privado o público. Si su empresa está en una zona franca, pagará menos impuestos.

La renta se cobra, no de acuerdo con la riqueza generada por cada uno, sino con otros criterios. Ese método promueve la ineficiencia. La gente desea invertir su dinero según los incentivos o subsidios brindados por el sistema, no siguiendo criterios de eficiencia.

Si la intención es promover algún esquema de organización considerado socialmente deseable, como el cooperativismo, debería hacerse a través de partidas explícitas en el presupuesto. Sería más transparente.

Para eliminar las distorsiones, el impuesto sobre la renta a empresas y cooperativas debe ser uniforme y bajo. Varios países están adoptando el nivel del 15 %, por ejemplo. En cambio, las rentas recibidas por las personas, de diferentes fuentes, sean dividendos, excedentes, ganancias de capital o intereses, deberían acumularse en una sola declaración de renta, y de ahí pagar el impuesto.

Desaparecerían los múltiples esquemas de impuestos existentes hoy. El impuesto sobre los dividendos y los intereses se mantendrían, pero como una retención, aplicable al pago del impuesto sobre la renta.

De esa manera, quien reciba pocas utilidades pagaría menos que quien reciba más, independientemente de dónde y cómo invirtió su capital para producir sus ingresos.

El objetivo de reformar el impuesto sobre la renta debe ser mejorar su estructura, centrándose en las rentas que reciben las personas, no en las formas como se organizan.

El autor es economista.