Luis Mesalles. Hace 6 días

El 15 de mayo celebramos el Día del Agricultor. Buen momento para reflexionar sobre los retos que afrontan quienes trabajan la tierra: dar de comer a una población creciente, con recursos limitados, al costo más bajo posible y de manera sostenible a lo largo de los años. Menudo desafío.

Dado que la cantidad de tierra disponible para sembrar es cada vez más escasa —por el crecimiento urbano y para evitar la deforestación— y menos gente quiere trabajar en el campo, la única manera de producir más alimentos y más baratos es mediante el aumento de la productividad. Es decir, produciendo más con menos recursos.

Los objetivos de máxima productividad y sostenibilidad no tienen por qué ser incompatibles.

El objetivo debe ser la producción de manera sostenible en el tiempo, no un solo año. Para ello, se requiere el uso de técnicas no depredadoras de los suelos ni del ambiente.

Los objetivos de máxima productividad y sostenibilidad no tienen por qué ser incompatibles. Con el uso de tecnología y técnicas modernas se consigue un buen balance entre ambos. Sin embargo, en ocasiones, son los productores quienes se aferran al pasado, no quieren incorporar cambios tecnológicos en sus fincas. Otras veces, y con mayor frecuencia en años recientes, son las autoridades gubernamentales, empujadas por los ambientalistas radicales, las que no permiten a los productores utilizar tecnologías modernas.

Tal es el caso de nuestro país. Entre los Ministerios de Agricultura y de Ambiente tienen paralizada la autorización de registros de nuevos productos, particularmente, de genética (semillas mejoradas), plaguicidas (para el combate de plagas) y fertilizantes (que nutren las plantas).

Los agricultores contribuirían mucho a reactivar la economía y a reducir el desempleo en zonas rurales. Para ello, no necesitan subsidios ni proteccionismo, sino que el gobierno les permita acceder a tecnologías modernas.

Al no haber acceso a las tecnologías ya presentes en otros países, los agricultores costarricenses ven limitado su potencial productivo y quedan en clara desventaja competitiva ante los productos agrícolas importados, muchos de ellos cultivados de manera no sostenible en su país de origen.

Los agricultores contribuirían mucho a la imperativa necesidad de reactivar la economía y a reducir el desempleo en zonas rurales. Para ello, no necesitan subsidios ni proteccionismo, sino que el gobierno les permita acceder a tecnologías modernas para seguir trabajando duro, del portón de la finca para dentro, en la producción de alimentos eficientemente, de manera sostenible y de bajo costo.

El autor es economista.