Luis Mesalles. 20 julio

La Selección de Fútbol de Croacia fue la revelación del Mundial en Rusia. Su juego de garra les hizo merecer el cariño de la afición.

En parte, se le podría atribuir el éxito de los croatas a los sacrificios que sufrieron para llegar adonde están hoy. La mayoría de sus jugadores se crió durante el tiempo de la guerra de los Balcanes. Los que no huyeron al exilio crecieron escuchando tiroteos y viendo familiares morir. Por eso se les conoce como los hijos de la guerra.

La gente que ha sufrido tragedias tiende a apreciar más lo que valen las cosas y tienden a trabajar más duro para conseguir lo que quieren. De ahí el empeño y la garra mostrado por los croatas en la cancha, al punto de que casi logran ganar el campeonato mundial.

Guardando las distancias, podríamos decir que Costa Rica ha sido un pueblo privilegiado. Hemos sufrido relativamente poco para conseguir lo que tenemos hoy. Las guerras han sido pocas, cortas y distanciadas en el tiempo. Incluso, los eventos de crisis económica también han sido pocos. La última situación realmente grave fue hace casi cuarenta años, de la cual pocos se acuerdan.

Tal vez por eso cuesta tanto cambiar las cosas en este país. Nunca tenemos prisa. Nos sentimos pura vida con lo que tenemos, y pensamos que nunca lo perderemos.

Tal es el caso de la actual situación fiscal. Hace rato nos vienen advirtiendo que, si no hacemos cambios, una grave crisis nos caerá encima. Pero, como pasan los años sin que eso pase, se sigue gastando más de lo que se tiene.

Por eso, cuando se habla de cambiar, porque la situación es insostenible, nadie quiere ceder. Los empleados judiciales quieren seguir recibiendo sus pensiones de lujo. Las universidades presionan para que el dinero que el gobierno les transfiere sea cada año mayor. Los funcionarios públicos se oponen a que les reduzcan sus pluses de privilegio.

Los cambios propuestos, hasta ahora, son mínimos e insuficientes. Las pensiones del Poder Judicial seguirán siendo mucho mayores que las de los demás empleados, públicos o privados. El ministro de Educación recorta las inversiones en escuelas y colegios para seguir privilegiando a las universidades. Y la propuesta del gobierno para reformar el empleo público es tímida, ya que solo limita parcialmente los pluses.

¿Será que tendremos que caer en una gran crisis, para de verdad sufrir y así poder apreciar lo que cuestan las cosas?

El autor es economista.