Luis Mesalles. 29 junio, 2018

En su comparecencia ante la Asamblea Legislativa, la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, dejó claro cuál es el camino propuesto por el gobierno para resolver el problema fiscal.

Nos dice que es necesario, idealmente, un ajuste del 4,1 % del producto interno bruto (PIB). Para lograrlo, propone límites al gasto que representarían el 1,9 % del PIB (casi la mitad del ajuste total). De ese ahorro, solo una quinta parte provendría de poner coto al crecimiento de los salarios, de lo cual lo ya anunciado y ejecutado es todavía más pequeño.

Ya se sabe que no hay plan perfecto. Este del gobierno ha recibido, y seguirá recibiendo, múltiples críticas desde todos los bandos

Eso significa que la mayor parte de la reducción de gastos vendría de ahorros en los presupuestos de los años siguientes, del control de destinos específicos y de otras medidas de reorganización del Estado.

Todas son promesas para el futuro, dependen de la voluntad, y habilidad, política del gobierno de seguir siendo austero y de poder negociar con los diputados la aprobación de algunas leyes.

Con base en la promesa de ahorro en el futuro, el gobierno les pide a cambio a los diputados que aprueben nuevos impuestos: IVA y renta con algunos ajustes adicionales introducidos por doña Rocío. Eso significaría, según la ministra, un 1,7 % del PIB en ingresos adicionales.

Con la aprobación de nuevos impuestos, más la promesa de ahorro en gasto, la ministra les solicita a los diputados autorización para ir al mercado internacional a endeudarse por $4.000 millones adicionales. Al quitarle presión al mercado financiero local, el gobierno dice que habría un ahorro adicional de un 0,5 % del PIB, por menos gasto en intereses.

Ya se sabe que no hay plan perfecto. Este del gobierno ha recibido, y seguirá recibiendo, múltiples críticas desde todos los bandos. El plan tiene muchos enemigos porque golpea a prácticamente todo el mundo. Nadie quiere pagar más impuestos, ni recibir menos beneficios. La solución es que sean los “otros” quienes paguen los platos rotos. Por ello, lo que le falta al gobierno por negociar no será fácil.

Y, para eso, la administración debe ganarse la credibilidad ante los demás, lo cual tampoco es sencillo. Está pidiendo cosas (impuestos y financiamiento) a cambio de una promesa de hacer algo en el futuro (controlar el gasto).

Se parece un poco a lo que hicieron las agencias de viaje que organizaron tours para ir al Mundial de Rusia a ver a la Selección: pedían a sus clientes el pago por adelantado a cambio de llevarlos a Rusia. Unas cumplieron lo prometido; otras no.

lmesalles@ecoanalisis.org