Luis Mesalles. 7 diciembre

Cuando el gobierno celebraba el paso dado hacia la solución del problema fiscal por el refrendo de la Sala Constitucional, la aprobación de la Ley para el Fortalecimiento de las Finanzas Públicas en la Asamblea y la reacción positiva de los mercados financieros, la rebaja en la calificación de la deuda por parte de Moody’s cayó como un balde de agua fría.

Con dicha rebaja, Moody’s envía el mensaje de que la administración de Carlos Alvarado aún debe demostrar su compromiso con la toma de decisiones que faltan para consolidar la solución fiscal

La agencia calificadora basa su estimación en que, aun con el plan fiscal, el gobierno seguirá teniendo problemas para pagar la creciente deuda. Primero, porque ya de todos modos el Estado viene hace rato en números críticos. El pago de intereses se lleva una cuarta parte de los impuestos que recauda Tributación Directa y el servicio de la deuda compromete ¢1 de cada ¢8 de la producción anual del país.

Segundo, porque, en buena medida, Moody’s considera que Costa Rica ha llegado a una situación muy crítica, por lo difícil que es el proceso de toma de decisiones políticas. El atraso sufrido en la aprobación del plan fiscal hizo que el problema creciera exponencialmente. Y, luego, cuando se aprobó, resulta que no es suficiente.

Buena parte de la reducción esperada del déficit proviene de una menor tasa de crecimiento del gasto y no de un recorte, por lo cual el efecto esperado tomará mucho tiempo en mostrarse. Moody’s calcula que la deuda tardará al menos cinco años en estabilizarse.

Pero, además, la aplicación gradual de las reformas abre la posibilidad para que grupos de presión, afectados por las medidas de contención, se opongan. Y, dado el historial obstruccionista de algunos de esos pequeños grupos, la calificadora duda de que el gobierno logre alcanzar sus proyecciones de reducción del déficit. De ahí que baja dos escalones a la calificación de la deuda externa costarricense: pasó de una categoría con grado de no inversión (bonos “basura”) a una categoría altamente especulativa (bonos “más basura”).

Con dicha rebaja, Moody’s envía el mensaje de que la administración de Carlos Alvarado aún debe demostrar su compromiso con la toma de decisiones que faltan para consolidar la solución fiscal. Que, ante la crítica situación que enfrenta el país, lo hecho hasta ahora no alcanza. Se requieren de medidas más fuertes, con impactos inmediatos, que recorten el déficit de una manera más rápida.

Lo que Moody’s no entiende es que en este país nos gusta hacer las cosas con calma. “A la tica”. Sin hacer muchas olas para que nadie se moleste.