Luis Mesalles. 20 septiembre

La tensión en torno a la guerra comercial entre Estados Unidos y China pone una sombra sobre el futuro de la economía mundial. La discusión en el Reino Unido sobre el brexit y la permanente tensión geopolítica en Oriente Próximo complican más el panorama.

Algunos indicadores advierten de que existe el riesgo de caer en una recesión mundial más adelante. Aunque otras cifras apuntan a que, por ahora, hay una desaceleración. Enfrentar la crisis no será fácil porque la mayoría de los gobiernos cuentan con herramientas limitadas. Las tasas de interés están en niveles bajos, como para que la política monetaria sea de gran ayuda. La situación fiscal está comprometida en muchos países, por lo cual una política fiscal expansiva tampoco será muy útil.

Enfrentar la crisis no será fácil porque la mayoría de los gobiernos cuentan con herramientas limitadas. La tarea de los gobiernos debe ser recuperar la confianza de los empresarios y aumentar la inversión en infraestructura.

De acuerdo con un informe de la OCDE, ante la amenaza de un menor crecimiento de la economía mundial, la tarea de los gobiernos debe ser recuperar la confianza de los empresarios y aumentar la inversión en infraestructura. La incertidumbre mata la confianza de los empresarios, quienes dejan de invertir. Si los gobiernos tampoco invierten suficiente en infraestructura, el potencial de crecimiento se ve limitado.

Esa recomendación cae al dedillo a Costa Rica. Nuestra economía se viene desacelerando rápidamente. La confianza de consumidores y empresarios está en niveles sumamente bajos. Lo anterior no se debe a la situación económica mundial, como ha querido hacernos creer el presidente Alvarado. De hecho, los únicos sectores que aún muestran algún dinamismo son aquellos ligados a la economía mundial (turismo y exportaciones de zonas francas y de servicios).

La incertidumbre alrededor de la situación fiscal es la principal causa de la baja confianza en el futuro. Ahí, el trabajo del gobierno consiste en seguir adelante con la estrategia establecida para resolver el problema fiscal: continuar mejorando la recaudación de impuestos y mantener el control del gasto. A la vez, el gobierno debe redoblar esfuerzos para ejecutar los múltiples planes de mejora de infraestructura existentes, especialmente carreteras. Reducir los tiempos de traslado de personas y de mercancías es vital para aumentar la competitividad del país y, así, revertir la desaceleración de la economía.

Mas que preocuparse por lo que sucede afuera, el gobierno debe ocuparse de lo que debe hacer dentro del país.

El autor es economista.