Luis Mesalles. 29 mayo

La salida de Rodrigo Chaves del Ministerio de Hacienda no ha sentado nada bien en los mercados financieros. Lo tomaron como un mal presagio de lo que podría venir para la economía costarricense.

La solicitud de Chaves al presidente Alvarado, de vetar la ley que exonera a las municipalidades de la regla fiscal, fue un harakiri. Las municipalidades no forman parte del Gobierno Central, por lo cual su exclusión no afecta directamente las finanzas públicas, que son resorte del ministro de Hacienda.

He ahí la diferencia de “estilos” entre el presidente y el ministro. Uno político, otro técnico.

Chaves, sin embargo, quiso defender un principio básico: dada la magnitud de la crisis fiscal del país, todos debemos meternos en cintura.

Si algunos empiezan a salirse del canasto, y el presidente no apoya a su ministro de Hacienda, tendremos cada vez más grupos presionando a los diputados para conseguir la aprobación de leyes a su favor.

El presidente ya estaba comprometido políticamente. Había convocado el proyecto de ley en sesiones extraordinarias. Además, vetarlo después de ser aprobado por una gran cantidad de diputados habría puesto en peligro otros proyectos de interés para el Ejecutivo.

He ahí la diferencia de “estilos” entre el presidente y el ministro. Uno político, otro técnico. En tiempos de gran crisis, como los actuales, es preciso un equilibrio entre ambos estilos: un manejo técnico para la puesta en marcha de las políticas adecuadas que cierren la gran brecha fiscal de mucho gasto y poco ingreso; un manejo político para convencer a todos los actores sobre la bondad de los ajustes necesarios.

El nuevo ministro de Hacienda, Elián Villegas, parece apegarse más al “estilo” del presidente. No es un técnico hacendario ni economista. Es abogado y más político en su actuar.

De ahí que los mercados hayan reaccionado tan negativamente. Al no haber un contrapeso técnico, se corre el riesgo de que el gobierno actúe muy políticamente y ceda a la presión de grupos deseosos de que el peso del ajuste lo carguen otros.

Con un déficit y una deuda crecientes, los inversionistas estarán menos dispuestos a prestarle al gobierno en momentos de gran necesidad.

Al nuevo ministro y al presidente les corresponde demostrar que los inversionistas están equivocados. Deberán actuar con gran valentía ante los grupos de presión para evitar una catástrofe fiscal.

El autor es economista.