Luis Mesalles. 14 junio

La economía crece poco. Se siente incertidumbre y poca confianza en el ambiente. En esas circunstancias, los empresarios no se atreven a emprender o a invertir, lo cual hace improbable salir del letargo económico.

El presidente emite un discurso apenas toma posesión con el fin de generar confianza y ayudar a la reactivación de la economía. El discurso lo dirige a los empresarios, desde el más pequeño hasta el más grande; desde el emprendedor que comienza hasta el que ha llegado a tener una gran compañía; para el inversionista local y el extranjero.

Resalta las virtudes de tener un sector productivo dinámico, pues es mediante su inversión que se generan empleos, tanto de forma directa como indirecta. De ahí que invita a los empresarios a invertir mucho, asegurándoles que su gobierno tendrá como objetivo prioritario convertir al país en el mejor del mundo para colocar su dinero.

En su discurso, hace hincapié en las ventajas competitivas del país, a la vez que les promete a los empresarios que corregirá los factores que le restan productividad a la economía. Ofrece acabar con la tramitomanía y eliminar los obstáculos existentes para obtener permisos. Con ello, pretende eliminar las colas, que son fuente de corrupción —donde hay permiso, hay chorizo, decía un político costarricense hace unos años—. Asegura, además, que va a arreglar los problemas en aduanas y a eliminar los bloqueos.

El presidente acompaña su discurso con acciones inmediatas. Nombra un nuevo director de aduanas, a quien ordena mantener abierta las 24 horas del día su dependencia y así eliminar los cuellos de botella. Le ordena al ministro de Ambiente que todos los permisos en trámite, algunos de los cuales llevan siete años haciendo cola, sean resueltos en un plazo de 100 días.

Con el fin de reordenar el Estado, cierra las instituciones que no cumplen ninguna función útil, más que ser “fábricas de empleos”. Ordena despedir, asimismo, a los funcionarios nombrados por parentesco o afiliación política.

Con un discurso y acciones bien dirigidas, Nayib Bukele empieza con el pie derecho su gestión presidencial en El Salvador. Su receta para reactivar la economía es simple: generar un ambiente propicio para que empresarios, de todo tipo, recuperen la confianza en la economía y en el gobierno salvadoreños, y así se atrevan a invertir más.

El autor es economista.