Luis Mesalles. 19 junio

Como parte de la estrategia de reactivación económica, el gobierno anunció que los bancos estatales tendrían ¢900.000 millones disponibles para crédito. Algunas semanas después, la promesa parece dormir el sueño de los justos.

En esta crisis, personas y empresas perdieron su principal fuente de ingresos, lo cual dificulta o imposibilita el pago de sus obligaciones financieras.

La esencia de todo sistema financiero es trasladar recursos de ahorrantes a deudores para que estos regresen luego a los ahorrantes, en un esquema donde todos ganan algo.

Los bancos han tenido que renegociar préstamos con sus clientes, con la esperanza de que se pondrán al día cuando la economía alce vuelo nuevamente.

Al ingresar menos dinero de lo previsto, las finanzas de los bancos entran en aprietos. En estas circunstancias, los banqueros se vuelven más cautelosos. Si a eso le sumamos la incertidumbre sobre el futuro económico empresarial, los banqueros lo piensan más de dos veces antes de prestarle a alguien.

Pero el sistema financiero está compuesto por, además de deudores y banqueros, ahorrantes. Gente, empresas e instituciones de todo tamaño que confían su dinero a un banco para que este lo administre temporalmente.

La esencia de todo sistema financiero es trasladar recursos de ahorrantes a deudores para que estos regresen luego a los ahorrantes, en un esquema donde todos ganan algo.

Los ahorrantes se vuelven también más prudentes al percibir un mayor riesgo. Esto se ha reflejado, no como una salida de dinero del sistema financiero, pero sí en un aumento significativo de los depósitos a la vista. Como si los ahorrantes estuvieran preparándose para salir corriendo.

Para que el crédito fluya hacia las empresas en estrés financiero por la pandemia, no basta con una directriz del gobierno. La Sugef está ayudando mediante la flexibilización de la normativa para que los bancos renegocien con sus clientes. El Banco Central ha puesto fondos a disposición de la banca pública para proveerle liquidez, en caso de que la necesite.

Pero falta devolver a ahorrantes y banqueros la confianza en que los deudores podrán pagar de vuelta los préstamos.

Para eso, no debe hacerse caso a las ocurrencias de algunos, de querer forzar a los bancos a dar créditos a diestra y siniestra porque, más bien, producirían que los ahorrantes salgan corriendo despavoridos con su dinero.

Y, además, debe haber un retorno paulatino a la normalidad de la actividad económica. Algo que parece difícil por el momento.

El autor es economista.