Luis Mesalles. 24 mayo

El Banco Central (BCCR) ha bajado dos veces su tasa de política monetaria (TPM) en las últimas semanas. Además, su presidente acaba de anunciar que podría reducir el encaje mínimo legal (EML).

Dichas medidas tienen dos posibles interpretaciones. Una, que, dada la desaceleración, el Banco decide ayudar a impulsar un poco la economía, sin poner en peligro su meta de inflación. Otra, que, ante la presión del gobierno y de otros grupos, reacciona tomando medidas que contribuirían a la reactivación económica, aunque eso implique más inflación.

Ambas acciones presuponen la inyección de dinero a la economía. En teoría, al haber más dinero disponible, los bancos prestarían más y más barato, lo cual incentivaría el consumo y la inversión, y, con ello, harían crecer más la producción y el empleo.

Ahora bien, la baja en la TPM y el EML no necesariamente significa que los bancos prestarán más, automáticamente. En estos momentos, el crédito crece poco porque la economía está lenta. El problema no es de falta de fondos (oferta), sino que la demanda está deprimida. Muchas personas y empresas no se atreven a pedir prestado, sobre todo, porque no tienen suficiente confianza en el futuro cercano de la economía. Hasta que no se aclaren los nublados del día, el dinero adicional que el Banco Central ponga a disposición, no necesariamente se convertirá en más crédito otorgado.

Además, si bien las medidas pueden bajar el costo de los fondos para los bancos, estos podrían no trasladar automáticamente el ahorro a sus clientes.

Las decisiones suponen también el riesgo de que el dinero emitido por el Central presione los precios al alza (inflación). El Banco aduce que eso no sucederá, pues la economía está creciendo muy poco, por debajo de su potencial. Argumenta que el dinero adicional puede ser absorbido por la capacidad ya instalada en la economía, sin que los precios suban. Los números lo avalan. En todo caso, la inflación podría subir un poco, sin salirse del rango meta del Central (menos del 4 %).

Mi interpretación es que, si bien el Banco Central ha recibido presiones para ayudar a reactivar la economía, su actuación, de momento, ha sido acorde con el objetivo de mantener la inflación controlada. Ahora bien, para hacer crecer la economía de verdad, se necesita mucho más que algunos ajustes en la política monetaria. El frío no está en las cobijas.

El autor es economista.