Luis Mesalles. 1 mayo

La pandemia ha golpeado fuertemente las finanzas públicas. El Ministerio de Hacienda calcula que el déficit fiscal pasará de un estimado inicial del 6,2 % del PIB (5,9 % según el Banco Central, en febrero) al 10 %, el más alto desde la crisis de inicios de los ochenta.

El deterioro se da, principalmente, por la fuerte caída en los ingresos (impuestos), debido a la contracción de la actividad económica, y el aumento en el gasto social y sanitario para atender los efectos de la pandemia.

Para cerrar el gran hueco financiero y con ello evitar una gravísima crisis económica y social, el ministro de Hacienda explicó esta semana cómo pretende lograrlo. Primero, propone recortes de gastos (por ¢140.000 millones) y que la Asamblea Legislativa apruebe el nuevo impuesto a los combustibles (¢28.000 millones) y el traslado de fondos de otras instituciones (¢354.000 millones).

Aun así, el déficit seguiría siendo muy alto (8,5 % del PIB). Para financiarlo, Rodrigo Chaves planteó a los diputados la autorización de préstamos con organismos multilaterales por más de $3.000 millones, quedando la módica suma de unos $4.400 millones para ser captada en el mercado interno.

Esas cifras conllevan una serie de supuestos que de no cumplirse el país entraría en serios problemas. Supone que el Congreso apruebe todo lo que Hacienda pide, para lo cual el gobierno debe ser muy hábil en las negociaciones.

Supone que la actividad económica se recuperará rápidamente, lo cual depende de qué tan pronto el ministro de Salud afloje las medidas de restricción sanitaria.

Finalmente, supone que la crisis económica, y el mayor riesgo que esta implica, no afectará el apetito de los inversionistas por seguir comprando bonos del Gobierno de Costa Rica. Es decir, que nadie se llevará su dinero a un mercado más seguro.

Para mantener las finanzas públicas en equilibrio, deben cumplirse muchos supuestos, reflejo de que el gobierno está caminando sobre una cuerda floja muy fina.

Debe nivelar muchos aspectos a la vez y esperar que no sople ningún viento fuerte. Depende en exceso del financiamiento externo, como arnés para no caer estrepitosamente en el abismo. Un impulso más decidido a medidas para recuperar la actividad económica le ayudaría a tener más equilibrio. Esperemos a ver que dirá el presidente Alvarado la semana entrante.

El autor es economista.