Luis Mesalles. 24 enero

Las empresas han dirigido tradicionalmente sus esfuerzos de producción y ventas a satisfacer a aquellos clientes que pueden comprar sus bienes y servicios. Pero ahora cada vez más empresas piensan también en los clientes potenciales del futuro y dan mayor énfasis a sus relaciones con colaboradores, proveedores, comunidad y ambiente. Para mantenerse haciendo negocios por mucho tiempo más, están adoptando prácticas sostenibles.

El principio detrás de la idea de sostenibilidad, según la definición de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU, es buscar la satisfacción de las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de futuras generaciones de satisfacer las propias. Es decir, es responsabilidad —de todos— pensar en el mundo que les dejaremos a nuestros hijos y nietos.

Cada día se toma más conciencia al respecto. Más gente manifiesta su preferencia, a través de la compra, por productos que cumplen el principio de sostenibilidad. De igual manera, crece el número de empresas que revisan su manera de trabajar para adecuarla a dicho principio. La adopción de prácticas de reducción, reutilización y reciclaje, la búsqueda de eficiencia para minimizar el desperdicio de recursos, la revisión de procesos para disminuir las emisiones de carbono y el cambio hacia proveedores cuyas prácticas sean sostenibles, son algunos ejemplos.

Sin embargo, aún existe un grupo grande de consumidores que no piensan en el mañana porque no han resuelto el hoy. De igual manera, hay empresas que se sienten muy cómodas pensando en el hoy, y trasladan el costo de sus malas prácticas a generaciones futuras. De ahí surgen los políticos cuyo deseo es resolver las deficiencias del mercado a punta de leyes.

Pero aquí es donde debe tenerse el cuidado de que las intervenciones propuestas ayuden a resolver el problema, no a agravarlo. Prohibir el uso de plásticos, por ejemplo, sin ofrecer una alternativa para empacar productos y mantener su vida útil, es condenar a mucha gente de escasos recursos a que el dinero de hoy le alcance para aún menos.

Se debe buscar un balance entre regulaciones razonables y mayor conciencia. La idea debe ser que cada vez más personas expresen, a través de la compra, su preferencia por bienes y servicios producidos sosteniblemente, y eso lleve a que más empresas adopten prácticas sostenibles.

El autor es economista.