Luis Mesalles. 27 marzo

La atención sanitaria de la covid-19 es prioridad para el país. El gobierno se ha abocado a conseguir el aplanamiento de la curva de nuevos contagios. Dicha atención demanda cuantiosos recursos económicos y, conforme avance el virus, serán aún más.

La estrategia del distanciamiento social y el “quédate en casa”, que funciona muy bien para contener la difusión, golpea muy negativamente la economía. El desempleo, si antes era alto, pudo haberse duplicado en cuestión de pocas semanas. El problema de salud pública ha generado, rápidamente, un problema económico y social.

Malas decisiones causarían que la crisis económica sea más profunda de lo deseado y que luego nos quedemos sin recursos para atender adecuadamente la salud pública y la salud económica.

El gobierno propuso varias medidas para ayudar a las empresas en problemas, y así evitar más despidos. También presentó medidas para compensar la caída de ingresos de quienes se han quedado, total o parcialmente, sin empleo.

El problema es que, con menos ventas y menos trabajo, los ingresos del Estado van a caer. Más gasto y menos ingreso significa, irremediablemente, más déficit fiscal. Entonces, ¿de dónde saldrá el dinero para cubrir el faltante?

La administración propone que buena parte sea a través de más endeudamiento. Es decir, “patear la bola para adelante”. El Plan Proteger pretende financiamiento por ¢1 billón para, básicamente, mantener el gobierno funcionando. También plantea como respuesta más impuestos (a los salarios y a los combustibles). El problema radica en que los ingresos de empresas y personas están deprimidos. Más carga impositiva los golpeará doblemente. De ahí que, muy probablemente, la recaudación sea menos de lo esperado.

La otra opción es el recorte de gasto público. Ayer, el gobierno propuso recortar ¢100.000 millones. Algo es algo, pero se queda corto. Todavía puede disminuir en gastos no esenciales.

No puede despreciarse la atención que merece el problema económico y social derivado de la pandemia. Tampoco puede pensarse o actuar como si hubiera plata para todo. Desgraciadamente, la crisis nos toma muy malparados.

El gobierno debe actuar deprisa, pero con prudencia. Malas decisiones causarían que la crisis económica sea más profunda de lo deseado y que luego nos quedemos sin recursos para atender adecuadamente la salud pública y la salud económica. Hay que cuidar que no nos salga más cara la cura que la enfermedad.

El autor es economista.