Christiana Figueres, May Boeve. 15 septiembre

LONDRES – Este año, las condiciones climáticas extremas han azotado a nuestro planeta, sometiendo a comunidades vulnerables en todo el mundo a los impactos cada vez mayores del cambio climático. Cada día que pasa, aprendemos más sobre las peligrosas consecuencias de extraer y quemar combustibles fósiles –y las experimentamos directamente–. Las inundaciones, las sequías y los incendios forestales se están volviendo más letales y los patrones climáticos, más severos.

Más avanzado este año, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), el grupo de trabajo científico sobre el tema perteneciente a las Naciones Unidas, entregará su primer informe relevante en cuatro años. Este informe delineará en detalle las consecuencias devastadoras que nos aguardan si no mantenemos las temperaturas globales promedio en el rango de 1,5°C del nivel preindustrial. A pesar de los compromisos gubernamentales e industriales existentes, ya hemos alcanzado la marca de 1°C, y los impactos son terribles. Necesitamos un cambio urgente.

los responsables de las políticas se enfrentarán al desafío de reconocer la realidad sin ambages de la crisis climática e incrementar sus medidas para enfrentarlo.

Afortunadamente, la pronta acción para reducir las emisiones de gases de tipo invernadero otorga beneficios inmediatos. Cuando se retiraron ocho centrales eléctricas alimentadas a carbón y petróleo en California entre el 2001 y el 2011, la tasa de fertilidad de las madres que vivían cerca de las instalaciones aumentó en el lapso de apenas un año.

Para marcar el inicio de una nueva era de aire puro y mejor salud, las comunidades en todo el mundo se están haciendo oír, dejándoles en claro a quienes toman decisiones que una economía libre de combustibles fósiles es lo que quiere la población. Seguirán exigiendo que se tomen medidas para mantener los combustibles fósiles bajo tierra y desplegar formas de energía más justas y sustentables.

La ciencia sobre cambio climático es sólida, las tecnologías para abordarlo ya existen y se está movilizando el financiamiento necesario. Además, un movimiento social de rápido crecimiento se ha inspirado en los beneficios universales de un futuro de energía limpia: la gente está dispuesta a ser el cambio que quiere ver en el mundo.

El 8 de septiembre tuvo lugar Rise for Climate, una movilización global de 250.000 personas que participaron en más de 900 eventos en 95 países. La movilización marcó el tono para una serie de eventos políticos inminentes para abordar el cambio climático, incluida la Cumbre Global de Acción Climática de este mes, la Cumbre Un Planeta y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Polonia (COP24) el próximo diciembre. En cada caso, los responsables de las políticas se enfrentarán al desafío de reconocer la realidad sin ambages de la crisis climática e incrementar sus medidas para enfrentarlo.

Lo que demuestra esta movilización internacional de ciudades, grupos de la sociedad civil, empresas e individuos en cinco continentes es que el poder de la gente funciona. Ha sido la fuerza motriz detrás de las victorias en el terreno de los derechos civiles desde la abolición de la esclavitud hasta el movimiento contemporáneo para garantizar los derechos y la dignidad del colectivo LBGQT. Y ha surgido en momentos clave en el esfuerzo por combatir el cambio climático –un esfuerzo que es, en gran medida, parte de esa lucha más amplia en reclamo de justicia–.

En el 2014, la primera Marcha del Pueblo por el Clima en Nueva York congregó a 400.000 personas y preparó el escenario para una escalada de las intervenciones en todo el mundo en los años siguientes. La sociedad civil ayudó a convencer a los líderes mundiales de firmar el Acuerdo Climático de París en el 2015 y ellos han ejercido presión para que los responsables de las políticas hagan cumplir los objetivos nacionales de reducción de las emisiones. Mientras tanto, los individuos y los grupos de la sociedad civil siguen exigiendo que las empresas, universidades y otras instituciones se aparten de los combustibles fósiles e inviertan en energía renovable. Estos movimientos han creado el espacio para que los políticos progresistas tomen medidas.

Sin embargo, la crisis climática continúa creciendo, lo que demuestra que todavía tenemos un largo camino por delante. Este año solamente, olas de calor catastróficas han asolado el norte de África, Europa, Japón, Pakistán, Australia y Argentina. Incendios forestales mortales se han cobrado vidas y destruido propiedad por miles de millones de dólares en Grecia, Suecia, Estados Unidos y Rusia. Las sequías causaron estragos en Kenia y Somalia, y Afganistán y Sudáfrica han sufrido importantes escaseces de agua. Hawái, India, Omán y Yemen han sido devastados por severas tormentas e inundaciones. Y el hielo del mar de Bering ha alcanzado mínimos sin precedentes. Abril marcó el 400 mes consecutivo de temperaturas globales por encima del promedio del siglo XX.

Todos tenemos la responsabilidad de dar un paso al frente y exigir medidas urgentes. Solo si nos unimos podremos crear una oleada de respaldo al liderazgo climático y generar el impulso apropiado para garantizar una rápida transición a un mundo que sea sustentable y equitativo.

Christiana Figueres es la ex secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y organizadora de Misión 2020.

May Boeve@ es directora ejecutiva de 350.org. © Project Syndicate 1995–2018