Jorge Woodbridge. 6 agosto

La globalización ha resultado en la integración tecnológica, política, económica, cultural y social del mundo. Si bien no cumplió con la expectativa de generar mayor igualdad económica y social, con ella se crearon nuevas oportunidades para comercializar servicios y mercancías.

Gracias a los avances tecnológicos, la globalización se basa cada día más en el conocimiento, se reducen las fronteras, las diferencias religiosas, las ideologías y las estructuras culturales. La mayoría de los productos han dejado de fabricarse en un solo país para convertirse en “hechos en el mundo”.

Una computadora puede ser diseñada en Estados Unidos y fabricada en diferentes países. Lo mismo sucede con los autos, cuyos componentes son fabricados en diferentes naciones y, al final, ensamblados en Alemania, Japón, Estados Unidos u otro.

Cronología de la globalización. A partir de la conferencia de Bretton Woods de 1944, se ordenaron las finanzas públicas y nacieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En 1947, fue establecido el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), el cual vino a regular el comercio mundial. En 1957, se creó la Comunidad Económica Europea, con Alemania Occidental, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Juntos constituyeron una unión aduanera con reglas claras de comercio de bienes y servicios.

En 1960 se forma el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y en 1961 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con el fin de coordinar políticas económicas y sociales de los países parte.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), suscrito por Estados Unidos, Canadá y México nació en 1994. En 1995, se formó la Organización Mundial del Comercio (OMC) a cargo de las normas mundiales en ese ámbito.

En el 2001, China se incorporó a la OMC, lo cual le permitió desarrollarse en nuevos mercados y convertirse en 17 años en la segunda economía del mundo. En el 2009, Costa Rica firmó el TLC con Estados Unidos, con lo cual logró exportar nuestros productos al mayor mercado del mundo.

No cabe duda de que todas esas instituciones y tratados han sido clave en el nuevo marco del desarrollo del comercio mundial.

Cambios tecnológicos y comercio. Otros aceleradores del comercio mundial fueron los primeros aparatos de televisión, los primeros portacontenedores que redujeron los costos de logística, el robot industrial, la fabricación de la primera computadora personal, el desarrollo en la Internet, que nos dio visibilidad y conexión, los teléfonos inteligentes y otros grandes avances como la creación de las redes sociales, la aparición de Google y cientos de dispositivos electrónicos.

Es después de la Segunda Guerra Mundial cuando el proceso de globalización se incorpora en la economía mundial, y se acelera el comercio, que pasó de ser el 10 % del PIB mundial en 1945 al 53 % en el 2017, periodo convulso también por tres fenómenos de grandes magnitudes: el fin de la Guerra Fría 1989, la crisis financiera de Asia en 1996 y la mundial del 2008.

El comercio y la era digital. Gracias a la revolución digital y a las redes sociales interactuamos, compartimos ideas, estudiamos otras culturas, tenemos acceso a cursos en línea y accedemos a grandes bibliotecas que enriquecen nuestro conocimiento.

La competencia mundial nos obliga a mejorar la productividad y a especializarnos. Las empresas compiten en el mercado internacional. La creatividad, la innovación, el intercambio de ideas y una educación de calidad son cada vez más importante si queremos seguir adelante.

Las importaciones brindan a los consumidores precios más competitivos, mejor calidad y más variedad de productos. Disfrutamos de precios asequibles a teléfonos inteligentes, computadoras, alimentos y otros servicios y productos que antes eran inaccesibles. La inversión extranjera significa para Costa Rica más de $2.000 millones anuales y cada año se generan más de 17.000 nuevos empleos directos e indirectos por esa inversión. Inversión que se triplicaría si tuviéramos mejor infraestructura y mayor oferta de mano de obra calificada. Necesitamos una educación acorde con la demanda de nuevos conocimientos y habilidades. Servicios, ciencias de la vida, agroindustria y manufactura de alto valor agregado es la nueva realidad de Costa Rica.

Solo un esfuerzo conjunto de las empresas privadas, la academia y el sector público estimulará el creciendo en este mundo globalizado y competitivo. Costa Rica debe hacer más por mantener la inversión y el empleo. No es lógico que 35 años después sectores cuestionen la globalización.

No podemos seguir con la actual estructura educativa, donde solo el 13 % de los graduados dominan el inglés y las matemáticas. Las universidades tienen la responsabilidad de generar más educadores en ciencias, matemáticas, inglés y habilidades digitales.

Mientras tanto, deberíamos desarrollar un programa vinculante para cerrar estas brechas. El talento humano es nuestro mayor activo. Los servicios, excluyendo el turismo, han crecido siete veces del 2000 al 2016. Los servicios significan más de $6.000 millones al año, servicios que exigen excelencia, innovación y sostenibilidad social y ambiental.

El actual empleo de manufactura de alto valor agregado en zonas francas supera 90.000, con más de un 51 % de los bienes exportados, compras locales supriores a los $1.500 millones, salarios casi el doble del promedio nacional y que retribuye $6 por cada dólar exonerado.

Efectos de la globalización. Costa Rica, por ser un mercado interno tan pequeño, debe seguir exportando y buscar nuevos mercados. El MCCA solo significa el 20 % de nuestras exportaciones, y en los años 80 representaba el 60 %. Exportamos ¢11.000 millones a 150 países de 5 continentes, más de 4.300 productos a una población de más de 2,5 billones gracias a la estrategia puesta en práctica en los años ochenta, cuando aprovechamos la globalización del comercio.

Pero nuestra economía se concentra en servicios, agro y manufactura de alto valor agregado. No podemos competir contra países con salarios e impuestos bajos, por lo cual debemos especializarnos, con excelente mano de obra.

La combinación de la globalización y la evolución de la tecnología cambió las reglas del juego. La digitalización, la inteligencia artificial, la Internet de las cosas y la impresión 3D van a revolucionar a corto plazo la manera de producir, consumir, transportarse y trabajar. La automatización afectará la demanda de mano de obra y las cadenas de valor mundial, pero eso no debe perjudicarnos si aprovechamos las bondades de la globalización.

Debemos estar más que preparados.

El autor es ingeniero.