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La advertencia no aislada de Puntarenas

Desde las elecciones presidenciales del 2006, la participación electoral en la provincia costera registra los números más bajos

Más allá de las palabras y promesas siempre presentes en los discursos políticos, no ha sucedido nada significativo para disminuir las desigualdades en las distintas regiones del país, y Puntarenas es un ejemplo triste y preocupante de ello.

A lo largo de los años, mucho se ha dicho sobre reducir el desempleo, erradicar la pobreza y mejorar las perspectivas de vida de los porteños, pero los datos demuestran que los problemas más bien se exacerban.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares 2020, la provincia registra mayores índices de pobreza y pobreza extrema. Entre el 2019 y el 2020, ambos indicadores crecieron 4,9 y 2,2 puntos porcentuales, respectivamente.

Como si fuera poco, la tasa de desempleo pasó del 9,1 % en el primer trimestre del 2020 a un 13,2 % de enero a marzo de este año.

Expertos han determinado que la condición socioeconómica, el nivel educativo y el rezago social están correlacionados negativamente con mayores porcentajes de abstencionismo político.

Desde las elecciones presidenciales del 2006, la participación electoral en Puntarenas registra los números más bajos, según las estadísticas del Tribunal Supremo de Elecciones. Incluso, en las municipales del 2020, el abstencionismo fue un 60,30 %.

El ausentismo electoral por parte de sectores sociales desfavorecidos no es un riesgo, sino una realidad consolidada hace unas dos décadas. La autoexclusión de la dinámica política se ha instaurado socialmente como forma de protesta contra la inoperancia no solo del Gobierno Central, sino también de los gobiernos locales.

La falta de acciones contundentes que atiendan la demanda de oportunidades laborales y la recesión económica en Puntarenas se proyecta en el incremento de la delincuencia, que dos meses atrás nos informaba el director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

El desempleo, la prostitución, la drogadicción y los homicidios trascienden hasta las urnas electorales, porque todas son manifestaciones de una vulnerabilidad compartida: la desatención.

El abstencionismo no es una casualidad. Es un grito fuerte de descontento contra la institucionalidad política, que insiste en ignorar las debilidades de la provincia. Puntarenas solo es un caso representativo de una de las comunidades que se sienten abandonadas y olvidadas por el Estado, y lo ha hecho constar en su carente compromiso político.

A menos de un año de las elecciones presidenciales, el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica realizó una encuesta de opinión que revela el bajo entusiasmo político de la ciudadanía.

San José y Heredia, provincias caracterizadas por su participación en las votaciones, ocupan los últimos puestos en entusiasmo político, incluso por debajo de Puntarenas.

Este panorama de cara a las próximas elecciones es una nueva advertencia que el modelo político imperante no debería ignorar, como lo ha hecho con los avisos que desde hace años emite Puntarenas.

La disconformidad con las políticas públicas se agudiza y, paulatinamente, se extiende a todo el territorio, junto con el empobrecimiento y la disparidad social.

carlos.vindas98@gmail.com

El autor es estudiante de Periodismo en la Universidad de Costa Rica y realiza la práctica profesional en la sección de Opinión.