Columnistas

Humanos solos

Según el World Economic Forum, la soledad mundial en el 2019 representó una de las tres grandes amenazas para la economía

Desde la ventana de hotel contemplo la gótica catedral de Colonia, Kölner Dom. Su construcción tomó 632 años; se inició en 1248 y fue suspendida en 1510 por problemas económicos y falta de interés. Fue retomada en 1842 por el rey Federico Guillermo IV de Prusia, quien mandó colocar la primera piedra de lo que es hoy patrimonio de la humanidad.

Federico construyó junto a ella una gran estación de tren, símbolo de la fusión del pasado con el futuro de la nueva Alemania. Los subsuelos revelan raíces, cimientos de construcciones romanas y carolingias. Sufrió graves destrozos durante la Segunda Guerra Mundial, pero su estructura se mantuvo intacta. Continuó dominando la silueta de la ciudad en ruinas.

En esa fusión del tiempo me encuentro. Días de trabajo me permiten atravesar la estación y la catedral durante un otoño tardío. Las gaviotas y las palomas conviven y acompañan mis pasos mientras repican las campanas. Oriente y Occidente coexisten. Se abre ante mí un multicultural mosaico humano.

Miles de personas se cruzan diariamente como las rutas de aquella gran estación. No así sus miradas. Difícilmente se experimenta un contacto visual. No hay tiempo, solo velocidad, interés. Para otros, no existe el tiempo, pues se ha detenido. Han dejado de esperar. Son los que tienen el valor de mirarnos a los ojos y nos muestran la desnudez de sus carencias, de sus heridas. Necesitan un poco de esperanza. Algo que no tiene precio. Encarnan el rostro de la injusticia en sus más penosas consecuencias: pobreza, abandono, desempleo, indiferencia. Realidad que no discrimina patria, raza, género, edad o estatus económico.

Según el World Economic Forum, la soledad mundial en el 2019 representó una de las tres grandes amenazas para la economía, junto con el clima extremo y las vulnerabilidad económica global. Sus datos revelan que en París el 50 % de la población vive sola. En Estocolmo, el 60 %. En el Reino Unido, la mitad de las personas mayores de 75 años, y muchas de ellas no han hablado con un pariente o amigo en más de un mes.

En el encuentro internacional en Davos ese mismo año se cuestionó si la soledad es una epidemia. La actual pandemia ha venido posiblemente a recrudecer esta realidad.

Los costos de la soledad son altos. En el Reino Unido, se calcula que incrementa los gastos sanitarios en 6.000 libras por adulto mayor. También, aumenta el riesgo de depresión y enfermedades mentales. Es tan tóxica como fumar unos 15 cigarrillos al día.

El Reino Unido creó nada menos que un Ministerio de la Soledad para enfrentar este problema que no es virtual sino real. Algunos expertos se la atribuyen al individualismo y a la falta de convivencia, y sus dos aliados son el número excesivo de horas de trabajo y el uso masivo de las nuevas tecnologías unipersonales. El remedio no es sencillo e implica un cambio de estilo de vida y forma de pensar. Los mejores antídotos son la familia y la amistad.

Si las catedrales fueron levantadas por la fe y una arquitectura que daría un salto en conocimientos matemáticos y geométricos, nuestra sociedad tiene que dar un salto a gran escala para responder a la degradación social que produce la injusticia. Una de sus progenitoras es la corrupción, que no genera riqueza sino ruina.

Entré a la catedral. Observé las finas columnas, los arcos que se entrecruzan y la luz que atraviesa los hermosos vitrales. No encontré muros fríos y cerrados, como en la calle. Sonreí y pensé en mi familia, pensé en mi país. ¡Cómo debe cuidarse lo que debe manternerse en pie! Tengo fe en ello.

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.