Jaime Daremblum. 14 agosto

Para poetas, y en general las bellas artes, Cachemira es un paraíso terrenal. Situada al pie de los Himalayas, ha inspirado a los maestros de la literatura mundial y del arte por sus tradiciones y paisajes. Sin embargo, su tránsito colonial legó cicatrices étnicas, políticas y religiosas. Y hoy, al adentrarnos en la era nuclear, Cachemira se ha transformado en un punto de arranque bélico cuyo peligro amenaza al planeta.

Reclamada en su totalidad por la India y Pakistán, durante 70 años ha sido el epicentro de una pugna territorial de inimaginables consecuencias entre potencias nucleares, al punto que tres guerras ya han sido libradas.

El 6 de agosto, el Parlamento de la India reclasificó Cachemira como unidad territorial y le dio, así, al gobierno en Nueva Delhi más autoridad en esa región de mayoría musulmana. De hecho, el gobierno de Narendra Modi ha impuesto aplastantes medidas que alcanzan prohibiciones para el uso del teléfono e Internet.

Pakistán respondió de inmediato degradando sus relaciones diplomáticas con la India y suspendiendo su comercio bilateral. Además, el primer ministro pakistaní, Imran Khan, aseveró que las acciones de la India en Cachemira equivalían a una limpieza étnica y se preguntó si el mundo se limitaría a “mirar y apaciguar como hicieron con Hitler en Múnich”. Asimismo, afirmó que “ la ideología del gobierno hindú se inspira en la ideología nazi”.

Entretanto, las fuerzas armadas de las respectivas potencias en conflicto, la India y Pakistán, han tomado control de los aeropuertos y estaciones de ferrocarril en sus respectivas zonas.

Las quejas han sido más intensas en la parte hindú, donde medidas draconianas han resultado en el encarcelamiento de centenares de figuras de interés político.

Igualmente, la India ha impuesto en Cachemira normas conforme a las cuales toda información personal falsa o inexacta, desde el domicilio hasta datos de alcance fiscal, acarrean cárcel. No en vano los pakistaníes de la zona desean formar parte de Pakistán.

¿Cómo salir de esta agudización del conflicto? Solo una intervención firme de la ONU, apoyada por las grandes potencias, pondría en marcha un proceso de mediación que, como en el pasado, detendría la violencia y normalizaría el fracturado equilibrio político prevaleciente.

El autor es politólogo.