Jaime Daremblum. 3 julio

Hay un novedoso juego de adivinanzas en Washington. No se trata del “adivino adivinado” ni tampoco del “adivino adivinador”. El juego es “trumpología”, o sea, una combinación de algo ocurrido y el criterio del presidente, Donald Trump, en torno a lo sucedido. El ejemplo más notorio, a la fecha, es reinterpretar las afirmaciones propias del mandatario sobre Corea del Norte y los hechos obcecados que contradicen lo que Trump afirma y masculla.

En estos días, las noticias sobre Corea del Norte apabullan al mandatario. Resulta que, tras concluir su encuentro con Kim Jong-un, en junio, Trump se jactó de que él había acabado con la amenaza nuclear de Kim. Eso lo dijo a bordo del Fuerza Aérea Uno, el exclusivo superavión presidencial, al correr las cortinas de la privilegiada sección del aparato y la sección ocupada por los corresponsales de prensa.

Para los más curtidos analistas, lo que tuvo lugar en la cita entre Trump y Kim era un ejemplo más del tradicional juego norcoreano de simular acuerdos firmes para obtener fondos

En esa audiencia con la prensa, Trump citó, como ejemplo de lo que Kim haría, la destrucción de las instalaciones dedicadas al desarrollo del poderío nuclear y el lanzamiento de cohetes al espacio. Asombrados, los comunicadores dieron cuenta precisa de los comentarios del presidente. Algunos veteranos, sin embargo, no se notaban contagiados por el interludio fantástico del presidente.

Poco después de aquella icónica cita, los medios dieron a conocer imágenes de satélite donde se ve la rápida construcción de nuevas edificaciones para personal y equipos del desarrollo nuclear norcoreano. “Ahhh, sí”, dijo el secretario de Estado, Max Pompeo. Ahora, ¿cómo calificar la repatriación de tropas estadounidenses de Alemania y reconocer como Estado independiente a Crimea? ¿Y la próxima cita de la OTAN coronada con una cita de Trump con Putin?

Para los más curtidos analistas, lo que tuvo lugar en la cita entre Trump y Kim era un ejemplo más del tradicional juego norcoreano de simular acuerdos firmes para obtener fondos y, en la práctica, continuar su desarrollo armamentista. Pero Trump ha ido mucho más allá reuniéndose con Kim. Esto elevó la imagen mundial de Kim, y ¿qué obtuvo? Ni siquiera la liberación de tres rehenes norteamericanos detenidos sin causa en los calabozos de la dictadura.

Trump ha salido con la tesis de que concesiones mucho mayores están en camino. ¿Un cuento más de Kim? Pronto veremos si la desnuclearización prometida —de palabra— por Kim, finalmente se produce mediante la fórmula mágica de las tiras cómicas del Capitán Maravilla.

jaimedar@gmail.com