Jaime Daremblum. 20 febrero

Estados Unidos es hoy la superpotencia única en el plano mundial. La URSS solía pregonar su superioridad, exhibía sus arsenales y amenazaba al planeta hasta que llegó al poder Gorbachov y el aparato soviético sufrió una implosión inevitable dado su sistema despótico y rezago. Otras, como China y la India, aspiran al peldaño, pero carecen de ciertos componentes, por lo que su promoción deberá esperar.

No hay duda de que las universidades y, concretamente, la tecnología y las ciencias le proporcionan a Estados Unidos el lustre del título. Lamentablemente, el brillo se opaca porque Estados Unidos ha devenido también en un paraíso para las drogas y las armas personales, una combinación fatídica. No obstante, las armas para legítimos propósitos personales han abierto la puerta a las de guerra, como rifles y ametralladoras, letales en manos de delincuentes o perturbados.

Estados Unidos, la superpotencia mundial, está siendo derrotada en su propio territorio

La consecuencia la observamos con dolor en los asesinatos masivos para liquidar a estudiantes y maestros en escuelas y colegios. Este fenómeno está pasando del dominio policial a las estrategias para detener preventivamente a personas perturbadas. El más reciente episodio, la semana pasada, fue desgarrador, con 17 fallecidos. Su protagonista apenas cumplía 19 años y mostraba visibles desajustes emocionales. Hoy, nos preguntamos, ¿cómo fue posible que un muchacho con esos antecedentes ingresara a las aulas portando una ametralladora R-15, más propia para Chechenia?

Lo más revelador fue que diversas entidades policiales habían sido advertidas sobre la peligrosidad del estudiante, sin que movieran un dedo para prevenir el suceso. Antes de la fecha fatal, hasta el FBI había sido alertado, pero de nada valió. Situaciones similares se dieron en Columbine, Sandy Hook, Las Vegas y en un centro social de Florida, con saldos mortales horripilantes. Nos preguntamos para qué tanto adelanto técnico si el sentido humano de la premura, la solidaridad y la urgencia para prevenir y rescatar a posibles víctimas se ha esfumado.

Así, Estados Unidos, la superpotencia mundial, está siendo derrotada en su propio territorio. Algo deberá hacer, empezando por poner a raya a la National Rifle Association porque ahora resulta que los triunfos del mañana se rinden a los pies de seres desquiciados. Aplausos para las juventudes que desde ahora se concentran en Washington, preludio para una gran demostración contra el libertinaje de las armas el 24 de marzo.

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