Jaime Daremblum. 10 abril, 2018

El reciente fin de semana marcó un pico en las confrontaciones del Oriente Próximo, particularmente las cocidas en Siria. A partir del viernes por la tarde, fuerzas sirias arremetieron con ataques incesantes contra el suburbio de Duma, al este de Damasco. Según informes de agencias internacionales y de prensa, centenares y quizás más muertes se registraron como consecuencia de los agentes químicos utilizados por las fuerzas sirias y sus aliados. Las escenas de tortura y asfixia que desembocaban en la aniquilación de poblados enteros escandalizaron a la comunidad democrática.

El relato de las grandes guerras subraya la triste flojera de algunos pulidos estadistas del oeste

Esta elevación de muertes civiles como consecuencia de armas químicas, tóxicos prohibidos durante décadas por diversas regulaciones internacionales originaron escenas dramáticas que la prensa y la televisión, a pesar del bloqueo impuesto por los sirios, difundieron al público.

El elemento más grave de este empuje genocida lo conformaban niños que fallecían en los brazos de sus padres a pesar de los esfuerzos de salvación. Los hospitales pediátricos estaban en manos ineptas. El pestilente olor del cloro no dejaba dudas sobre el arma predilecta de Asad. Algo similar ocurrió con su padre, Hafez, que destruyó barrios enteros con armas químicas.

El domingo, cuando salió a luz lo que estaba ocurriendo en Siria, el presidente norteamericano, Donald Trump, empezó a tuitear urbi et orbi que una acción militar era urgente para detener la matanza siria. Veremos qué sucede. Esperamos algo considerable de Trump y sus colegas, aparte de instancias para reuniones y ordenar investigaciones sobre el terreno, mayormente habladurías. Pensamos, para nuestros adentros, en la histórica abulia de las mayores potencias para inyectar fuerza a sus admoniciones. El relato de las grandes guerras subraya la triste flojera de algunos pulidos estadistas del oeste.

Solo en un lugar del mundo se entendió con claridad meridiana lo que estaba en juego en Siria. Israel sí lo comprendió y, con ese trasfondo, al cobijo de la noche dominical, despachó equipos que en poco tiempo anularon los puntos centrales del mapa agresivo sirio. Esta es la causa del berrinche ruso-sirio. Ahora, aunque sea por corto tiempo, tal vez los hogares de Duma gocen de alivio.

Ojalá sus iniciativas no naufraguen en el Sargazo de la inopia usual en estos recodos de la diplomacia. Como una premonición, Rusia bloqueó una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, el lunes. La alianza occidental analiza llevar el asunto a la OTAN. Excelente idea.