Jaime Daremblum.   28 agosto

Las campanas doblan en todo el mundo por John McCain, prócer de Estados Unidos, quien falleció el sábado al cabo de una grave dolencia. Su figura heroica en la guerra de Vietnam, donde su nave fue derribada por los norvietnamitas, desafió las torturas extremas a las cuales fue sometido por sus captores a lo largo de seis años de prisión (1967-1973).

Sus preguntas fueron siempre claras y dirigidas a las realidades de la región

Fue aquella una brutal y dura experiencia que, en McCain, encontró eco la novela del célebre escritor norteamericano Ernest Hemingway Por quién doblan las campanas, del año 1940, basada en la participación del autor en la guerra civil española donde combatió a favor de la república como integrante de una brigada internacional. Dicha novela deriva su título de un célebre sermón del clérigo y poeta inglés John Donne (siglo XVI), quien afirmó: “Ningún hombre es una isla contenida en sí misma, sino que es parte del continente, parte del principal. En consecuencia, nunca preguntes por quién doblan las campanas… doblan por ti”.

El espíritu de este poema resume el sentido humanitario y patriótico de McCain, como piloto de combate y senador de su país. Allá por los años ochenta, tuve el honor de ser invitado por el senador para conversar en su hotel en San José durante una gira por la región llevada a cabo con algunos colegas. Su propósito era obtener información y criterios sobre la situación de los países en el istmo y las guerras en Centroamérica, que en ese entonces rugían, sobre todo, en Nicaragua.

Con los años, vinieron otros encuentros en Washington, algunos de ellos con el presidente Miguel Ángel Rodríguez y otros en compañía de mis colegas embajadores de Centroamérica. Sus preguntas fueron siempre claras y dirigidas a las realidades de la región. Lo mejor de todo: prometió su apoyo a las iniciativas de libre comercio con Estados Unidos que en aquel entonces recorrían el Capitolio.

Tiempo después, en un viaje a Minneapolis con mi esposa, en circunstancias muy dolorosas por la muerte reciente de nuestro querido hijo Tzvi, se acercó a nosotros el senador McCain, quien también viajaba en ese vuelo. Al preguntar por mi crecida barba y la mirada triste de Gina, debimos compartir con él el doloroso motivo de nuestro viaje. El aprecio y comprensión que nos demostró fueron un bálsamo para nuestro pesar.

Al sobrevenir su muerte, evocamos una nota de su pensamiento: “He sido guiado por el deber de hacer lo correcto y hacerlo honorablemente”.