Jaime Daremblum. 28 mayo

El asesinato en masa de 21.892 ciudadanos polacos por fuerzas rusas en marzo de 1940 se mantuvo en las tinieblas en cuanto a que no se sabía el porqué ni su verdadera autoría. La historia solía perderse entre el período de amistad germano-soviética, su ruptura y la primacía soviética sobre zonas relevantes de Polonia.

Los dirigentes rusos habían llegado a un consenso para dar la versión de que lo ocurrido en Katyn era, mayormente, la liquidación de oficiales y reservistas polacos, quienes hasta entonces habían sido abogados, médicos, botanistas, veterinarios y similares. La masacre emprendida por los rusos formaba parte de un plan soviético para reducir la nación polaca a un grupo social maleable mediante la eliminación de sus clases altas.

En realidad, las fuerzas policiales germanas abrazaron una fórmula similar para destruir a Polonia como una entidad política. Cada cual deseaba una tajada del cadáver político polaco.

Una vez que la Alemania nazi traicionó a su aliado soviético, la guerra tomó la fisonomía y curso que Occidente bendijo. Lo cierto era que los soviéticos entonces emprendieron la liquidación de los hombres que habían luchado contra el Tercer Reich. ¡Qué ironía! En 1943, los alemanes descubrieron los sitios de entierro en Katyn y, de inmediato, atribuyeron los crímenes a los soviéticos, quienes, a su vez, acusaron a Alemania del monstruoso crimen. Al final, los aliados avalaron la versión rusa para mantener contento a Stalin.

Las acusaciones recíprocas continuaron durante la posguerra. Finalmente, se desgranaron en estandartes de la verdad para comunistas y pro demócratas rusos, respectivamente. Pocos años después, afloraron de nuevo las discusiones en el ámbito de la nueva Rusia poscomunista y serias polémicas entre el presidente ruso Boris Yeltsin y el exlíder comunista Mijaíl Gorbachov.

El Partido Comunista de la Federación Rusa debió abrir sus archivos para ofrecer testimonio sobre su culpa en la eliminación del alto mando de las fuerzas polacas en Katyn. Finalmente, dichos archivos vieron la luz del día y enfocaron la responsabilidad de las altas esferas soviéticas en vendettas internas del partido y el Estado, Katyn entre ellas.

Pienso hoy en las víctimas del Holocausto, sacrificadas en choques cruentos del hitlerismo y el comunismo estalinista.

El autor es politólogo.