Jaime Daremblum. 20 octubre

La Unión Europea y el Reino Unido formularon hace pocos días una advertencia al Kremlin, subrayando que el uso de armas químicas constituye una grave violación del derecho internacional. Por ello, resulta abundantemente claro que corresponde sancionar a Rusia por el envenenamiento del líder opositor Alexéi Navalni.

Hace una semana empezó un juicio en Berlín contra un ruso acusado de asesinar a un antiguo comandante de Chechenia, en un parque vecino a la oficina de la canciller, en agosto del 2019. Los fiscales federales acusaron a agencias estatales rusas de ordenar la liquidación de la víctima. Moscú lo niega.

Oficiales alemanes afirman que los rusos no desean cooperar con la investigación. Desde entonces, el tono de Berlín se ha tornado más firme. En mayo, en un discurso ante el Parlamento, Angela Merkel manifestó: “Hay una estrategia rusa que debemos tomar en consideración, algo que no podemos ignorar: la estrategia de la guerra híbrida, que incluye la guerra cibernética y la distorsión constante de los hechos; esto no es un producto accidental, pero sí es una estrategia que está siendo incrementada de manera constante. Desde luego, poseemos el derecho de tomar acciones en contra de Rusia”.

Lo anterior revela un cambio en la retórica alemana hacia una confrontación, un alejamiento de la posición tradicional del rapprochement, surgido en los 60 para atenuar la Guerra Fría. La estrategia fue eficaz hasta que la política del presidente Vladimir Putin se convirtió en un nacionalismo revisionista y apretó sus tenazas autoritarias.

Alemania busca ahora el apoyo de sus socios. El lunes los ministros del Exterior de la Unión Europea aprobaron, a instancias de Alemania y Francia, nuevas sanciones contra Rusia. Medidas como congelamiento de activos y prohibición de viajes se les impusieron al director del Servicio Federal de Seguridad, sucesor de la KGB soviética, y a un oficial del Kremlin “cuyo papel era contrarrestar la influencia de Navalni en la sociedad rusa, incluidas operaciones destinadas a desacreditarlo”.

¿Y los Estados Unidos? La supuesta simpatía de Trump hacia Putin no debería inhibir las sanciones en concierto con Europa. Putin, como en casos previos, no hará nada, pero debería saber que el asesinato de quienes lo critican acarrea costos significativos. Ojalá a corto plazo.