Jaime Daremblum. 14 agosto

Una linda y encantadora mujer rusa, María Butina, vino a Washington hace cuatro años para estudiar en la American University. Vivaz y pizpireta, la joven se las arregló para asistir a innumerables festejos y conferencias, particularmente de corte conservador. Su máximo interés inicial fue la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), bastión de la gran masa de estadounidenses que creen fervorosamente en el derecho ancestral de portar armas de fuego.

Dichosamente, en esta ocasión nadie resultó asesinado ni secuestrado

María, con la ayuda de un colega local, logró ser invitada a varias reuniones y fiestas de la agrupación, e incluso se hizo fotografiar con la flor y nata de los cuadros dirigentes. Las fotos acabaron en Moscú en los despachos de funcionarios que estaban al tanto de su campaña para incrementar los lazos de amistad de Estados Unidos con Rusia. En todo caso, su misión se veía bien para el Kremlin, particularmente, por las entidades donde se infiltró.

Para mejorar sus operaciones, María cautivó a un amigo republicano bastante mayor, con quien terminó en la cama. Si abrir puertas, subir escalones y atraer a uno que otro personaje de interés demandaba una atención especial de María, ella poseía el ingrediente mágico del amor que nunca fallaba.

Tanta belleza, sin embargo, no podía durar indefinidamente. Al fin de cuentas, el Tío Sam tiene ojos y oídos y estaba al tanto de todo lo que la laboriosa rusita tejía para beneficio de Moscú. Y así, al cabo de cuatro años, María fue detenida y enjuiciada. En una audiencia en Washington, la semana pasada, la Fiscalía la acusó de conspiración y de actuar ilegalmente como agente del Gobierno ruso. Los fiscales describieron cómo Butina se desempeñó como punta de lanza en una operación a largo plazo para movilizar políticos de alto nivel hacia los derroteros de Moscú.

También resultó claro para la Fiscalía que los esfuerzos de María estaban dirigidos a dirigentes republicanos con aspiraciones a la Casa Blanca en el 2016, incluyendo Donald Trump. Ese plan era paralelo al hackeo de computadoras y correos de la campaña de Hillary Clinton y del Partido Demócrata.

Este trasfondo da la idea del Candidato de Manchuria, la popular cinta de ficción. También vienen a la mente Mata Hari y Nancy Wake. Dichosamente, en esta ocasión nadie resultó asesinado ni secuestrado. Pero el libreto sí subraya la importancia de las libertades fundamentales para sacar a flote los designios del mundo autoritario.