Jaime Daremblum. 12 mayo

El pasado viernes 8 de mayo se conmemoró el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Una jornada cruenta y compleja, con el holocausto de millones de seres humanos sacrificados por los sueños demenciales de Adolfo Hitler.

La República Federal de Alemania (RFA), surgida en la posguerra y con Konrad Adenauer como su primer canciller, tenía el proyecto obligado con el mundo de conformar un Estado democrático genuino.

Esta es, sin duda, una visión muy positiva de Europa que, sin embargo, omite el surgimiento de una derecha poco comprometida con la democracia, como en Hungría y Polonia, sometidas a regímenes autoritarios.

La magnitud de la tragedia consumada en la Segunda Guerra Mundial ha sido admitida sin condiciones por la RFA y su ulterior fusión con la República Democrática Alemana (la del este, dominada originalmente por Rusia) y poseedora de un conglomerado comunista.

Al revisar textos y fotografías del acto, encontré la ausencia de un aliado vital, Estados Unidos, que salió del compromiso y dejó el asunto en manos de su embajador interino en Alemania, Richard Grenell, figura controversial objetada por Berlín por ser “una parcializada máquina de propaganda”.

Precisamente por esta razón, ha solicitado de manera reiterada su reemplazo.

En su brillante exposición, el presidente Frank-Walter Steinmeier expresó que 75 años después del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa su país está forzado a conmemorar sin todos sus amigos. “Pero no estamos solos”, agregó.

Esta es, sin duda, una visión muy positiva de Europa que, sin embargo, omite el surgimiento de una derecha poco comprometida con la democracia, como en Hungría y Polonia, sometidas a regímenes autoritarios.

Y, citando las palabras de un antiguo sabio, el rabino Najman, el mandatario recordó que “no hay un corazón tan entero como un corazón quebrado, y el pasado de Alemania está fracturado por su responsabilidad en el asesinato y sufrimiento de millones”.

Y añadió: “Por eso, este país solo puede ser comprendido y amado con un corazón quebrado. Quienes insisten en que se trace una línea en nuestro pasado no solo niegan la catástrofe que fue la guerra y la dictadura nazi, sino también la verdadera esencia de nuestra democracia”.

De este servidor, que tuvo la suerte de nacer y desarrollarse en un país democrático incomparable, mis mejores deseos a los alemanes por su futuro democrático.