Los manifestantes en Irán son hoy muchos más que en el 2009. Su intención es protestar contra el régimen de los ayatolás y ojalá derribarlo.

Por: Jaime Daremblum 2 enero

El pueblo se ha volcado a las calles de Irán. Conforme la agitación se extiende por el país, es evidente que la movilización general pretende protestar contra el régimen de los ayatolás y ojalá derribarlo. Las masas han dirigido su furia hasta las alturas del poder, detentado por el supremo ayatolá Alí Jamenei. Asimismo, el furor popular tiene en el foco a los notorios órganos subordinados, particularmente inclementes ramales de investigación que trituran a la ciudadanía.

ABD04 TEHERÁN (IRÁN) 17/08/2015 .- Fotografía facilitada por la página web del líder supremo que muestra al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, durante una ceremonia en Teherán, Irán. 17 de agosto de 2015. EFE
ABD04 TEHERÁN (IRÁN) 17/08/2015 .- Fotografía facilitada por la página web del líder supremo que muestra al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, durante una ceremonia en Teherán, Irán. 17 de agosto de 2015. EFE

La trágica verdad es que en Irán gobierna un despotismo que está por encima de los tratados internacionales o formulaciones multilaterales, además de leyes o regulaciones. Esta es la dolorosa realidad que una vez más enfrentan los oprimidos ciudadanos que reclaman sus derechos mínimos en las calles. Como bien lo describió un líder opositor: “Los iraníes valientemente se han volcado a las calles por todo el país para demandar que se ponga fin a la opresión política y personal, a la corrupción y la intromisión regional”.

Nos preguntamos por qué un levantamiento similar en el 2009 fue aplastado sumariamente por los ayatolás mientras la actual movilización ha ido creciendo como una ola de furia sin freno. Los alzados explican que los números de quejosos y disconformes son hoy mucho mayores y el régimen teme que aplastar a los manifestantes podría invitar una condenatoria internacional capaz de perjudicar sus chances económicos con Estados Unidos y la Unión Europea.

También es evidente que en esta oportunidad las críticas foráneas, especialmente las norteamericanas, se ven más claras y explícitas que aquellas censuradas por la administración Obama a raíz del arreglo nuclear con Irán, consumado con los europeos días antes de finalizar su gestión. Según señaló hace poco la revista Politico, la Casa Blanca ordenó entonces frenar una investigación sobre el negocio de drogas que Hizbulá realiza en el hemisferio occidental de la mano con Irán.

Ayer, las autoridades confesaron que la intensidad y furia alcanzadas por las protestas obligaban a pedir la intervención de las fuerzas armadas. Observadores estimaron que la Guardia Revolucionaria posiblemente intervendría, y elevaría el número de bajas en filas ciudadanas. Fuego y sangre parecieran guiar el destino de este movimiento, cuyo saldo mortífero se incrementa cada minuto y se expande por todo el país. Preocupante para la nación y su entorno geográfico. Pero ¿qué otra cosa podría esperarse de los orates que dirigen el régimen?

jaimedar@gmail.com

El autor es politólogo.