Jaime Daremblum. 16 octubre, 2018

No se trata de la histórica obra de Nicolás Maquiavelo ni mucho menos de la enternecedora novela El principito, de Saint- Exupéry. Lástima, porque de lo único que se habla hoy es de la cruenta historia en torno al príncipe de la corona saudita, Mohámed bin Salmán, y el bestial homicidio del periodista, también saudita, Jamal Khashoggi. La investigación concita abiertos insultos contra la familia real, y ni se diga de las furias que el capítulo ha desatado en el Congreso de Estados Unidos.

Fuera del Consulado, en la acera de enfrente, aguardaba la novia que se ponía más nerviosa conforme el tiempo transcurría sin que su prometido saliera

El recuento del drama y sus personajes se ha complicado por los vericuetos de la investigación. Khashoggi, conocido corresponsal del Washington Post y diarios europeos, fue años atrás diplomático asignado a la embajada de su país. Como periodista, todo marchaba viento en popa. No obstante, enfiló la artillería contra MBS, lo cual causó ronchas. Cuán molestos resultaron sus despachos que MBS mandó a tomar medidas extremas. Se supone que el rey dio su venia.

De visita en Estambul para casarse con una coterránea, Khashoggi fue al consulado saudita en esa ciudad para renovar algunos documentos. Tuvo el cuidado de portar un moderno reloj que grababa lo que sucediera. Fue invitado a pasar al despacho del cónsul general para el examen de los papeles y ahí se detuvo la vida del escritor.

Fuera del Consulado, en la acera de enfrente, aguardaba la novia que se ponía más nerviosa conforme el tiempo transcurría sin que su prometido saliera. Por lo avanzado de la tarde, se marchó a su casa y dio parte a la Policía. Cuando finalmente llegó, todo lucía tranquilo, sin rastros de lucha ni de un crimen sangriento.

Horas después, el gobierno turco hizo saber que tenía el cuadro completo. Antes de la llegada de la víctima, un grupo de agentes sauditas se habían desplegado dentro y fuera del Consulado. Tras asesinar al periodista, lo desollaron y sus partes las depositaron en sacos plásticos que luego se llevaron en una caravana de autos.

Las presiones externas, principalmente de la prensa mundial y el Congreso en Washington, finalmente obtuvieron una pequeña victoria ayer cuando la Casa Real admitió que la muerte de Khashoggi fue producto de un interrogatorio torpe. De inmediato, Trump se solidarizó con la declaración.

Si bestial fue el homicidio, Trump actuó más como agente publicitario saudita. Pobre víctima y pobre novia.