Jaime Daremblum. 22 mayo

En Rusia ha surgido un sector de opinión pública aparentemente más liberalizado, pero siempre manipulado y orientado por el Kremlin, es decir, por Vladimir Putin. Tomemos por ejemplo el high de opinión en torno al jauja de los precios internacionales del petróleo, hecho inflado y realimentado por los magos publicitarios de Putin.

Crecientes críticas a la dirección rusa subrayan el desborde del nepotismo en posiciones claves del gabinete que está encargado de enmendar el curso económico del país

De acuerdo con el profesor Sergei Shelin, el ruso común debería sospechar de toda esa habladuría sobre prosperidades inmediatas y eternas. “Tales historias provienen de quienes han conducido a Rusia al presente estancamiento y a resultados cada vez más alejados de las economías más avanzadas del mundo”, apunta Shelin. A este respecto, el crecimiento económico ruso en el primer trimestre del año en curso fue solo 1,3 % sobre el mismo período del año previo. Los resultados rusos son lamentables comparados con el promedio mundial de 3,5 %. Solo Japón e Italia reprodujeron el anémico nivel ruso en tanto Brasil cayó al 0,7 % en dicho período.

La posibilidad rusa de acertar con su ruta económica para permitirle sobrepasar el crecimiento de las economías occidentales es otra historia, afirma el analista ruso. Entre el 2015 y el 2017, el PIB ruso descendió en 0,9 %, en tanto la cifra mundial aumentó un 10,2 %. Algunos apologistas del régimen atribuyen el involucramiento bélico ruso en el exterior, particularmente en Siria, como absolutorio de la anemia moscovita. No obstante, en el mismo período, el más fogueado Kazajistán obtuvo un crecimiento del 5,7 %. Y, en otra zona, Polonia, antiguo satélite soviético, creció 10,7 %.

Crecientes críticas a la dirección rusa subrayan el desborde del nepotismo en posiciones claves del gabinete que está encargado de enmendar el curso económico del país. Este vicio aumenta continuamente y podría desembocar en una explosión social fulminante de no remediarse muy pronto la situación general. El nombramiento de un joven de 22 años, hijo de una alta figura de la nomenclatura putinista, ministro de Agricultura, apunta a calentar cada vez más una caldera ardiente de descontento generalizado.

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Una pensadora sumamente respetada, Yekaterina Vinokurova, escribió cómo el nombramiento frecuente de herederos jóvenes de la clase alta en puestos decisorios del gobierno cierra a su vez la vía del ascenso de hijos de las clases menos privilegiadas. “Dicho curso conduce irremediablemente a una catástrofe (…) que será muy pronto”. Pronóstico alarmante de una patriota.

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