Por: Jaime Daremblum.   13 marzo

El júbilo que desbordó el presidente Trump al anunciar la semana pasada que tendría una reunión con el dictador norcoreano, Kim Jong-un, ha debido ceder ante los serios cuestionamientos que han escalado sobre el acontecimiento.

Una línea de ataque afirma que no hubo tal invitación. El funcionario surcoreano que Trump atrapó en los pasillos de la Casa Blanca dio lectura a una comunicación norcoreana que culminaba con un saludo de Kim. Dicho saludo, largo y pomposo, cerraba con una frase al presidente de conocerse en el futuro. ¿Fue esto una invitación?

Lo único cierto es que Kim se embolsó una visita gratis de Trump

Al escuchar la enredada prosa, traducida por el funcionario surcoreano, Trump saltó afirmando que sí aceptaba la “invitación” y ordenó a sus lugartenientes y al surcoreano portador de la nota redactar la respuesta positiva. Desde luego, Trump de inmediato comunicó su supuesta victoria diplomática a los medios, que la transmitieron por el mundo entero. La Casa Blanca aclaró que no mediaron concesiones. Lo único cierto es que Kim se embolsó una visita gratis de Trump, un triunfo innegable para el novel dictador que suele asesinar parientes dentro y fuera de su país.

Sin embargo, también surgieron las preguntas a la Casa Blanca. ¿Qué pasó con los tres norteamericanos presos en Corea del Norte? ¿Y las armas nucleares y los cohetes que amenazan a Estados Unidos?

Trump no se había dado cuenta del error cometido. Sí, una metida de pata, pero él no la cometió, fue su personal, argumentaba el presidente. Pero, quizás alguno de los pocos asesores que no fueron despedidos, podría aclararle a Trump que el convite de Kim no era ninguna ganga. Así fue en el pasado, cuando Kim padre engatusó a dos administraciones norteamericanas para soltarle cuantiosa ayuda a cambio de eliminar sus experimentos nucleares.

Muy pronto la prensa se dio cuenta de la tomadura de pelo. Y al tiempo que Trump toreaba a los reporteros, los norcoreanos prosiguieron sus maldades nucleares hasta que sobrevino el anuncio. Este, precisamente, era el cierre que Kim ambicionaba.

Súbitamente, apareció en el horizonte que al secretario de Estado, Rex Tillerson, Trump lo había despedido, ya que Tillerson proponía negociaciones previas con Kim y, además, afirmaba que Moscú creaba inestabilidad en el mundo. Lo de los rusos le caía bien a Kim porque, quizás así, amortiguarían la fregadera con él.

Ahora sí, abran el champán que le gusta al genio de las bombas de Corea del Norte.

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