Jaime Daremblum. Hace 3 días

De visita en Israel, alrededor de 1988, recibí una llamada de una destacada periodista norteamericana. Esta amiga me hizo saber que en unos pocos días estaría en Tel Aviv Bibi (Benjamín) Netanyahu. Así, a través de nuestra amiga, concertamos una cita para un café en el hotel donde me hospedaba con mi familia. Puntualmente, llegó el famoso Bibi y, sin mayor trámite, nos sentamos en el café, cuya panorámica vista de la playa y el mar era extraordinaria.

Venía llegando de Nueva York, donde temporalmente representaba a Israel en la ONU. Su rostro era serio y el tono de la conversación ayuno de bromas. Su aspecto general reflejaba un currículum de alto calibre, confirmado por sus carreras en Harvard y MIT. Yo quería información relativa a Latinoamérica y, sobre todo, de Costa Rica, según la perspectiva israelí. Por su parte, Bibi manejó extraordinariamente el menú, desde Israel y Suramérica hasta las grandes potencias. En aquellos años, promovía un centro para el análisis del terrorismo, nombrado Yonatan Netanyahu, en memoria de su hermano, también militar, quien falleció en el rescate de las víctimas hebreas del secuestro de aeronaves en Entebbe, Uganda.

En 1993, Netanyahu se convirtió en líder del partido Likud, y, en 1996, lo condujo a la victoria. En la siguiente elección, en 1999, el partido perdió los comicios y optó por abandonar la política. Sin embargo, se reincorporó al Likud y obtuvo victorias en el 2013 y el 2015.

Desde diciembre del 2016, Netanyahu ha sido investigado por alegatos de corrupción y el procurador general anunció que presentaría acusaciones al respecto en el 2019. Dicho funcionario, Avichai Mandelblit, quien fue parte del gobierno en calidad de secretario del gabinete y muy cercano a Netanyahu, lanzó las acusaciones la semana pasada cuando Benny Gantz, líder del partido de centro Azul y Blanco, no logró formar una coalición.

Los cargos contra Netanyahu son, a la fecha, por soborno, fraude y violación de confianza. La reacción del primer ministro ha sido que se trata de un atentado de golpe de Estado como parte de una cacería de brujas, e insiste en que a quienes se debe investigar es a los acusadores. Por su parte, Benny Gantz afirmó que este ha sido un día muy triste para el Estado de Israel, y su partido mantiene que “si Bibi todavía quiere a su país, debería renunciar.” El drama continúa.

El autor es politólogo.