Jaime Daremblum. 4 septiembre

Los célebres cantantes Jan Peerce y su cuñado Richard Tucker con el paso del tiempo y los estudios llegaron a convertirse en los tenores máximos de la Ópera Metropolitana de Nueva York en las décadas de los cuarenta y cincuenta.

Ambos provenían de hogares humildes de migrantes judíos de la Rusia anterior al dominio comunista. La familia Peerce, originalmente apellidada Perelmut, y la Tucker, antes Tiker, resultaron vecinas en el mismo edificio neoyorquino. Aparte de la pobreza, compartían de manera fervorosa y ortodoxa su religión hebrea.

La tremenda fama de Peerce llevó a uno de los grandes millonarios de la ciudad, no judío, a ofrecerle un grueso honorario por cantar en el cumpleaños de su hija. En el caso de Tucker, lo invitaron a realizar grabaciones de varias óperas en La Scala, bajo la dirección de Herbert von Karajan.

Cuando Jan Peerce hizo manifiesta la voz extraordinaria que le permitió iniciar su carrera como cantor en una sinagoga ortodoxa, buscó empleos adicionales como cantante en el programa dominical de una radioemisora judía, lo cual derivó en una creciente popularidad como artista.

Paralelamente, inició estudios privados de canto. Todo esto sin menoscabo de sus deberes religiosos cotidianos. Su natural entusiasmo lo condujo a audiciones para el coro de la Ópera Metropolitana, donde, progresivamente, avanzó hasta tenor en el elenco del célebre teatro. Su debut como solista fue en Rigoletto.

Por su parte, Tucker se enfiló por un camino parecido. En un momento dado, pidió el consejo a su vecino Jan Peerce. Aquí las historias divergen. Según una versión, intentó desviarlo de la ópera y, de acuerdo con otra, le facilitó nombres de maestros y contactos. Tucker pasó duras pruebas hasta alcanzar su meta años después. Su debut fue en Manon Lescaut.

La tremenda fama de Peerce llevó a uno de los grandes millonarios de la ciudad, no judío, a ofrecerle un grueso honorario por cantar en el cumpleaños de su hija. Sería un viernes por la noche. Jan se excusó explicando que ya sería sabbat y no podría complacer al generoso oferente. Este, que no entendía de esas cosas, dobló y luego triplicó el pago, pero Jan cortésmente le explicó su no.

En el caso de Tucker, lo invitaron a realizar grabaciones de varias óperas en La Scala, bajo la dirección de Herbert von Karajan, cuyos antecedentes nazis eran bien conocidos. Tucker se negó hasta que cambiaron el director y nombraron a Tullio Serafin.

Preservar sus valores éticos, arraigados en sus convicciones religiosas, tanto para Peerce como Tucker, a pesar de muy tentadoras ofertas, demostraron además su probidad.

El autor es politólogo.