Jaime Daremblum. 4 septiembre

Hace algún tiempo, un empresario de la maquila nos relató el éxito obtenido por sus compañías en algunas naciones de África occidental. No obstante, las bellezas de la producción en esa zona se afeaban por la práctica en ciertos países de armar a los educadores para prevenir o defenderse de posibles asaltos de los alumnos.

Recordé en ese instante a mis queridas educadoras quienes temprano en nuestras vidas nos inculcaron los valores de la civilidad y la democracia. De ahí salté a la imagen repugnante y reciente de maestras en un país de África portando AK47 a fin de prevenir ataques de jóvenes portadores de armas de guerra así como de enfermedades infecciosas, incluyendo el sida. Eso sí es educación bajo fuego cruzado. Pero, pensé, para tranquilizarme, que eso ocurría mayormente en la distante África.

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Sin embargo, en estos días, me enteré sobre una iniciativa de la secretaria de Educación estadounidense, Betsy DeVos, de utilizar fondos destinados a mejorar la enseñanza de música, arte y salud mental, en las escuelas mayormente afectadas por la pobreza, para armar a los educadores. Ese dinero proviene de una ley adoptada por el Congreso hace tres años.

En todo caso, a raíz del brusco incremento de asaltos y asesinatos en masa ocurridos en escuelas y colegios en el presente año, además de una instancia de los estados de Texas y Oklahoma, la secretaria DeVos planteó la posibilidad de utilizar dichos fondos para comprar armas y entrenar a los educadores sobre cómo usarlas. La convulsa reacción pública provocada por dicha iniciativa impulsó a DeVos a rectificar su intención de someter al Congreso la idea armar colegios y escuelas.

Debemos señalar que la totalidad de los fondos disponibles para las mejoras educativas en todo el país alcanza $1.000 millones. Estas sumas no son para el derroche en ocurrencias de cada estado y, por supuesto, están sujetas a la fiscalización de las entidades federales. Ante el estruendo de estados y organismos cívicos que se inclinan por el sí, de cara a los que dicen no, hábilmente DeVos últimamente se inclina a someter al Congreso la definición.

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