Jaime Daremblum. 8 enero

Una joven saudita, Rahaf Mohamed al-Qunun, a sus 18 años de edad se sentía agobiada por las estrictas reglas de conducta impuestas por su religión, su familia y, sobre todo, por su padre.

La semana pasada aprovechó una gira de vacaciones de la familia en Kuwait para buscar un vuelo a Australia y escapar. Pero la fuga no resultó tan sencilla.

La aerolínea, que hizo escala en Bangkok, Tailandia, le comunicó que su familia había interpuesto una denuncia por su desaparición, quizás por designio criminal. También que unos agentes de seguridad locales pronto vendrían para detenerla. Tal desenlace era peligroso para la joven Rahaf, quien ya se imaginaba descuartizada por matones.

Las historias de niñas y adolescentes fugadas de los tentáculos crueles de autoridades o parientes son ya conocidas

Entretanto, otro barullo corría por el aeropuerto en Bangkok. Rahaf había escapado de su familia y los reglamentos disponen que las mujeres deben ir acompañadas por un hombre o guardián. Y así, en un lamentable giro de la historia de esta jovencita, aprehendida para ser entregada a su familia, su destino sería, desde diversos ángulos, fatal y sangriento.

Las historias de niñas y adolescentes fugadas de los tentáculos crueles de autoridades o parientes son ya conocidas. En puntos geográficos donde se entrecruzan religiones, creencias y tradiciones de diversos orígenes, se producen fenómenos enaltecedores que alientan nuestra fe en las leyes, nacionales y transnacionales. ¡Qué paradojas de la existencia humana!

En la tarde de este lunes, el jefe de la Policía de migración tailandesa, Surachate Hakparn, dijo que su país iba a proteger a la muchacha y no permitiría que embajada alguna la forzara a ir a ninguna parte. “No vamos a mandar a nadie a morir”, declaró Hakparn.

Como un ángel bíblico, ayer descendió en el aeropuerto de Bangkok una delegación combinada de Human Rights Watch y entidades de la ONU, encargadas de asistir a migrantes, para proteger los derechos de la adolescente saudita. El rostro valiente de esta adolescente ha alumbrado una región del mundo que horas antes reiteraba las tendencias de crueldad escondidas y abrigadas por algunas leyes e instituciones.

Una periodista australiana, quien se comunicó con ella mediante Twitter, y conocedora de un caso similar en Filipinas, ingresó a la habitación fuertemente parapetada de Rahaf y la entrevistó.

La situación de Rahaf Mohamed al-Qunun y su ansia de libertad ya se ve mejor y esperanzadora en este día.