Jaime Daremblum. 5 mayo

Un fantasma recorre el mundo: el de la justicia. Es un espectro que mantiene ocultos a los criminales. Se acabó la carta de libertad y el brillo de la justicia tiende a imponerse en los viejos y oscuros anales del déspota sirio, Bashar al Asad.

Por primera vez en el mundo, miembros de la criminal dictadura encaran cargos por crímenes contra la humanidad en Alemania, cuyos fiscales actúan gracias al principio de justicia universal contra la impunidad de crímenes internacionales.

Las pruebas son recogidas por la Unidad de Crímenes de Guerra, del Despacho Federal Criminal. El lema de este vasto aparato es que Alemania no debe convertirse en una zona de seguridad para criminales de guerra.

Dicho cuerpo de normas permite a los tribunales germanos perseguir a los autores, aunque los hechos no hayan sido cometidos en Alemania y ni el victimario ni la víctima sean alemanes.

El cuerpo de evidencias obtenidas es sustancial. Hay testimonios y testigos. Muchos de ellos llegaron a Europa como refugiados. Nueve son actores conjuntos en el caso contra el régimen de Asad.

Las autoridades alemanas iniciaron el proceso en el 2011, cuando se estableció una investigación general. Tales procedimientos involucran la recolección de evidencias y el enjuiciamiento de 20 oficiales superiores.

Uno de los más destacados es el antiguo jefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea Jamil Hasán, cuya orden de arresto fue girada en el 2018.

Las pruebas son recogidas por la Unidad de Crímenes de Guerra, del Despacho Federal Criminal. El lema de este vasto aparato es que Alemania no debe convertirse en una zona de seguridad para criminales de guerra.

Por ejemplo, una de las principales figuras del aparato de torturas del régimen sirio está detenida y fue acusada en el 2019. Se le atribuyen 4.000 casos de tortura y 58 homicidios.

El proceso se lleva a cabo en Coblenza. Será un modelo para juicios que esperan trámite final en otros lugares, y las pruebas serán valederas sin posibilidad de expiración.

El esmero con que se resguardan los documentos es digno de mención. Digo esto porque en 1988 fui invitado por Alemania para conocer universidades, diarios y comunidades judías.

En esa visita, pedí mirar el registro de prisioneros de campos de concentración nazis en Polonia. Ahí, una de las encargadas me pidió nombres y detalles. Rápidamente, localizó datos sobre mis parientes que perecieron en los sitios de exterminio.

Durante semanas, no logré conciliar el sueño. No obstante, agradecí la transparencia.

El autor es politólogo.