Jaime Daremblum. 8 octubre

Resulta difícil entrever las realidades de los pasos estratégicos de Corea del Norte, especialmente aquellos concernientes a los armamentos nucleares. Así ha ocurrido con las conversaciones “cruciales” del sábado en Estocolmo, entre Washington y el gobierno norcoreano. Aunque duraron unas 10 horas, al final hubo una declaración paralela sobre la falta de resultados, cada quien culpando al otro por el fracaso y un rayo de luz para una nueva ronda.

Los norcoreanos señalan que el P-3 es “una bomba de tiempo que cuelga del cuello de sus adversarios”.

Los avezados norteños no desaprovecharon la ocasión para vocear sus usuales insultos contra Washington, entre estos, las poco deseables “pláticas nauseabundas” de los estadounidenses. En todo caso, hubo una pálida convergencia en reanudarlas, quizás en cuestión de días, en Estocolmo. El quid del quiebre temporal radica en la honda brecha que separa las respectivas propuestas. Los norcoreanos buscan un levantamiento de las sanciones de Estados Unidos, que agudizan la crisis doméstica de Pionyang, subrayada por faltas ocasionales de alimentos e insumos importados para sus industrias.

Por otra parte, Donald Trump ansía alguna victoria diplomática para fortalecer su mano en el affaire de las audiencias conducentes a un posible, aunque difícil, impeachment, el cual se debate en la Cámara de Representantes, dominada por los demócratas. Como suele ocurrir, las crisis se multiplican en las pláticas internacionales y un caso se presentó el 2 de octubre, por el ensayo norcoreano de un nuevo misil balístico de largo alcance para ser lanzado desde un submarino.

El pukguksong-3 recorre una distancia de 2.000 kilómetros. Sus características técnicas constituyen un progreso crucial en el objetivo de Kim Jong-un de desarrollar una fuerza disuasiva significativa, capaz de actuar desde tierra o mar. Se anticipa la producción inmediata de 3 submarinos y seguiría con 4 y 5 para alcanzar un potencial disuasivo determinante. Los norcoreanos señalan que el P-3 es “una bomba de tiempo que cuelga del cuello de sus adversarios”. Por supuesto, la retórica en esa parte del mundo tiende a magnificar el poderío de cada nueva pieza de combate a distancia, ya fuere en tierra, espacio o mar. Lo que es indudable es que el P-3 ha venido a generar un nuevo balance alarmante para los adversarios de Corea del Norte.

El autor es politólogo.