Jaime Daremblum. 18 junio

Con gran pesar, recibimos la noticia del fallecimiento en Roma de Franco Zeffirelli, el sábado, a los 96 años. Sin ninguna duda, su liderazgo precursor en la ópera, el teatro, la literatura y el cine dejan huellas imborrables. ¿Quién fue el laureado?

Nació y creció en Florencia, fuente del Renacimiento, donde dio un viraje hacia el teatro y luego hacia el cine, bajo la rectoría de su mentor, Luchino Visconti. En ese camino, maduró y devino en popular director con Romeo y Julieta, de Shakespeare, con las actuaciones de dos estrellas adolescentes, Leonard Whiting y Olivia Hussey. Para arribar a la selección de ambos, revisó centenares de propuestas. El icónico Roger Ebert declaró esta cinta “el más excitante filme de Shakespeare que se haya realizado”.

Zeffirelli prosiguió en la ópera, y puso en escena La bohème de Puccini en la Metropolitan Opera House, con un triunfo de aprobación del público. Posteriormente, en 1963, produjo Aida para La Scala de Milán, con Leontyne Price, célebre soprano afroestadounidense, y el tenor italiano Carlo Bergonzi. Alrededor de 600 artistas actuaron en escena con 10 caballos, inmensos ídolos, palmeras y esfinges. ¿Qué más se puede pedir? Y el listado se prolongó por años.

En el panorama actual, tanto en la ópera y el teatro como en el cine, la personalidad y obra de Zeffirelli mantienen plena su vigencia.

Recordamos hoy otros momentos en hogares de amigos del maestro que nos permitieron hablar con él más tranquilamente. Le relatamos que años antes habíamos asistido a una función de La traviata en el Teatro Giuseppe Verdi de Busseto, pequeña ciudad en la que vivió Verdi. La dirección estuvo a cargo de Zeffirelli, nuestro distinguido interlocutor, quien entre risas nos preguntó cómo dos costarricenses habíamos terminado en la pintoresca Busseto.

Conversamos entonces con él sobre nuestras aventuras operísticas en la zona. Zeffirelli era, sin duda, muy abierto y simpático, lo cual traslucía su enciclopédica mente con la inmensa virtud de no ser pesado. Adiós al titánico líder de las artes.

El autor es politólogo.