Eliécer Feinzaig. 13 febrero

La pregunta que atormenta las mentes de quienes no votamos por ninguno de los candidatos que pasaron a la segunda ronda es cómo hacer para elegir sin traicionar principios fundamentales ni poner en riesgo al país.

El nefando eslogan de campaña de Rodolfo Piza –“Vote por algo”– adquiere hoy una relevancia insospechada hasta para sus proponentes originales, y una importancia impensada para los cientos de miles de costarricenses quienes nos quedamos sin una opción que nos ilusione y nos represente. Debemos buscar razones para votar por algún candidato; algo –no alguien– por lo cual votar. Muchas veces, eso empieza con un proceso de descarte.

¿Sabía que el 62 % de lo que se gasta en pobreza se va en remuneraciones, y que del restante 38 % se pagan alquileres, mobiliario, papelería, servicios públicos, etc.?

Lo primero es entender cuáles son las ideas, propuestas o proyectos que, en definitiva, no podríamos apoyar. En mi caso, teniendo profundas diferencias con ambos candidatos, he establecido dos criterios:

1. No apoyaré un retroceso en materia de derechos humanos, ni avalaré a un candidato que pretenda sacar a Costa Rica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto va mucho más allá de las diferencias que podamos tener en materia de matrimonio igualitario; atenta contra los fundamentos de la sana convivencia y la libertad.

2. No apoyaré ninguna propuesta económica –o ausencia de ella – que signifique que el país continuará por el rumbo equivocado que conduce a una crisis de gravísimas consecuencias.

Al balotaje llegan dos candidatos que, sumados, recibieron el 46,6 % de los votos. Otra forma de verlo es que el 53,4 % no votó por ninguno de ellos. Si tomamos en cuenta el abstencionismo, Carlos y Fabricio Alvarado recibieron, juntos, el apoyo de apenas el 29 % del padrón electoral. Quien quiera gobernar debe ganar el voto del otro 71 %.

Grupos de Facebook. Han surgido dos enormes grupos en Facebook para promover el apoyo multipartidista a ambos candidatos. Coalición Costa Rica, con más de 274.000 seguidores al momento de escribir esto, promueve a Carlos Alvarado. Costa Rica Unida, con más de 185.000, promueve a Fabricio. En ambos casos, la narrativa es “no permitamos que el otro troglodita llegue a gobernar, sería un desastre para el país”.

Los costarricenses no deberíamos conformarnos con apoyar una propuesta mala solo porque la otra es percibida como peor. Tampoco debemos apresurarnos a apuntarnos en uno u otro bando; aún tenemos seis semanas para decidir.

Tenemos que hacer valer nuestro voto, y la forma es presionando a los candidatos para que cambien lo más nocivo de sus propuestas. Solo se sentirán presionados si caen en cuenta de que no tienen garantizado nuestro apoyo.

La propuesta económica de Fabricio tiene menos sustancia que una galleta de arroz. Ha hablado de apoyar la creación del IVA sin subir la tasa, de renegociar deudas (lo cual no parece razonable cuando las tasas de interés más bien van en alzada), de eliminar gastos superfluos en viajes, alimentación y similares (cuyo impacto real es mínimo) y de eliminar contablemente las deudas entre instituciones públicas, llamándolas incluso deudas ficticias. La cosa no es tan sencilla; el efecto de esta medida en las finanzas de instituciones como la Caja –o de las empresas estatales, que deben cobrar lo que venden– no tiene nada de ficticio. Nada de esto, ni la suma de todas estas acciones, resolverá el déficit. Es, en resumen, una propuesta incompleta e insuficiente.

Carlos promueve un paquete de impuestos que crearía el IVA, subiría la tasa al 15 % y crearía dos nuevos tractos del impuesto sobre la renta para los ingresos más altos. El 81 % de lo que se recaudare provendría del IVA, un impuesto regresivo que tiene “la virtud” de encarecer el costo de vida. Hay muy poco de progresividad en la propuesta.

El mecanismo de “devolución” del IVA al 40 % más pobre de la población es un mero espejismo: a la gente no se le devolvería lo pagado, sino un promedio. Para hacerlo, será necesaria una complejísima burocracia que se comerá más de lo que repartirá. Y, para colmo de males, se presta para más clientelismo del que ya tiene al Estado costarricense de rodillas.

Ninguno de los dos candidatos ha hablado de recortes serios del gasto ni de parar los abusos en el empleo público

Nuevos impuestos. Con la conformación de la nueva Asamblea Legislativa, es casi un hecho que nuevos impuestos serán aprobados. En el “mejor” de los casos, la recaudación será insuficiente. El paquete del PAC está diseñado para recaudar un 2,1 % del PIB, según lo aseguró el candidato en el debate presidencial de Teletica. Para el próximo año, se proyecta un déficit del 7,9 %. Si se aprobara intacta la reforma, quedaríamos con un hueco del 5,8 % del PIB, lo cual sigue siendo insostenible e insuficiente. En el caso de Fabricio, que solo apoya crear el IVA sin subir las tasas, la recaudación será aún menor.

Subir los impuestos aún más, como lo desea el fundador del PAC, Ottón Solís, mataría la gallina de los huevos de oro. Un IVA del 16 % sería un fuerte golpe para el bolsillo de los costarricenses, mientras que gravar a las empresas de las zona francas sería un atentado cuando ya el desempleo es considerable.

Ninguno de los dos candidatos ha hablado de recortes serios del gasto ni de parar los abusos en el empleo público: anualidades que se otorgan en automático, proliferación de pluses, otorgamiento de prohibición y exclusividad cuando no lo amerita, etc. Hablar de esto es poco sexy, pero es lo correcto. Especialmente en las circunstancias actuales.

La historia se repite. Carlos ha dicho específicamente que no va a tocar el empleo público, pero va a “buscar eficiencias”. Esa es una afirmación tan vacía como la de poner la casa en orden de Luis Guillermo Solís, quien prometió demostrar que se puede gastar “bien” antes de pedir nuevos impuestos. Si Carlos quiere que le creamos, debe decir exactamente cómo piensa hacerlo y cuánto nos ahorraríamos haciendo más eficiente un aparato estatal cuyo esquema de remuneraciones promueve el despilfarro y la ineficiencia. Me atrevo a afirmar que el ahorro, si se materializa, será tan ínfimo como el que logró en la convención colectiva de Recope: un par de miles de millones de colones, cuando el déficit es de un par de millones de millones. Una milésima.

Los nuevos impuestos no serán una solución sostenible al déficit, primero porque serán insuficientes, pero segundo, y no menos importante, porque el crecimiento inercial del gasto pronto absorbería los nuevos recursos y volvería a crecer el déficit, como ha sucedido cada vez que han crecido los ingresos del Gobierno en los últimos 35 años.

¿Sabía usted que Costa Rica es uno de los países que más invierte en programas antipobreza como proporción del PIB? ¿Sabía que el 62 % de lo que se gasta en pobreza se va en remuneraciones, y que del restante 38 % se pagan alquileres, mobiliario, papelería, servicios públicos, etc.? Por eso es que la pobreza no disminuye: a los pobres les llegan apenas migajas.

Hacer valer nuestro voto es exigir a los candidatos reconocer que es posible recortar el gasto significativamente aun sin recortar servicios, y comprometerlos a hacerlo. Hacer valer nuestro voto es exigirles a ambos candidatos que reconozcan que hay que parar los abusos del empleo público. Que se deben comprometer con el recorte del gasto, porque no hay otra salida.

Hacer valer nuestro voto es exigir a Carlos que abandone la tradicional irresponsabilidad fiscal del PAC si quiere nuestro apoyo, en vez de ponérsela fácil para que siga la fiesta con los recursos públicos.

Hacer valer nuestro voto es exigir a Fabricio que revele quién será su equipo económico, qué más propone para disminuir el déficit y qué medidas específicas tomará para que esas propuestas sean alcanzables. Basta de generalidades.

Hacer valer nuestro voto también es exigirle a Fabricio Alvarado que manifieste de manera pública, clara e inequívoca, que no sacará al país del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, que es el recurso de última instancia que tenemos los ciudadanos para hacer valer derechos como el de la libertad de culto, que tanto interesa al propio Fabricio.

Exigir que no haya retroceso. No nos llamemos a engaño: con la conformación de la nueva a Asamblea Legislativa –48 diputados de bancadas conservadoras y algunos más colados en la del PAC – la agenda progresista no va a avanzar en los próximos cuatro años, independientemente de quién alcance la presidencia. Exijamos, entonces, como mínimo, que no haya retroceso.

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Para ganarse nuestro voto, Fabricio tendrá que complementar su propuesta económica, mostrar un equipo de gobierno creíble y asumir un fuerte compromiso con la institucionalidad y los derechos humanos. Carlos tendrá que modificar los fundamentos de su propuesta económica. Por verse está cuál de los dos dogmas es más poderoso, si el de la moral religiosa de uno, o el de la ideología económica del otro.

Mientras tanto, recomiendo esperar. Adelantar nuestro apoyo a una propuesta irresponsable sería irresponsable. Hagamos valer el voto.

El autor es economista.