Columnistas

Finlandia y Suecia

La invasión a Ucrania produjo en giro en las intenciones de pertenecer a la OTAN

La invasión a Ucrania tiene efectos contraproducentes para Rusia. Uno es que Finlandia y Suecia están considerando seriamente, y en un período breve, unirse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Los ánimos y temores por la seguridad cambiaron radicalmente en ambas naciones, que pasaron de la negativa de Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, a aliarse a la OTAN, promulgada cuando la invasión a Ucrania era tan solo una amenaza, a mantener ahora un criterio diferente tras concretarse la la invasión.

Un 60% de los finlandeses y un 50% de los suecos aprueban la unión con la Alianza, y dejar atrás décadas de neutralidad y las barreras de oposición, entre otras, del partido socialdemócrata sueco. Dicho de otra manera, ceden ante la búsqueda de la seguridad que da pertenecer a la Alianza.

El aumento en el presupuesto de defensa realizado por ambos países después del comienzo de la invasión es insuficiente frente a un Estado que cuenta con el segundo ejército más poderoso del mundo, con capacidad nuclear y que no ha dudado en invadir ilegítimamente a sus vecinos.

El ingreso a la OTAN significa estar cobijados por la protección del artículo 5 de la Alianza, el cual establece que el ataque a un miembro representa un ataque a todas las naciones de la Organización.

Para Rusia, que ha tratado de justificar la invasión a Ucrania como una protección a su seguridad al evitar tener en su frontera a un país que aspiraba a ser miembro de la OTAN, el ingreso de Finlandia le supondría tener a un miembro de la Alianza en 1.340 km de frontera. San Petersburgo y Kaliningrado quedarían disminuidos, en vista de la omnipresencia de miembros de la OTAN en el mar Báltico.

La reacción rusa fue categórica e inmediata, y amenaza con “consecuencias” que se deben tomar con seriedad, pues si hay algo claro es que a Putin no se le pueden creer las promesas, pero sí las amenazas. Habrá que estar muy atentos.

La apuesta estratégica de Putin por la división ha tenido otro efecto inverso, una Europa cada vez más unida; en lo preocupante para el mundo, ha significado un ímpetu armamentista y la amenaza de que se postergue la solución del conflicto, por el momento encapsulado militarmente pero con graves consecuencias económicas globales, o, peor aún, que pase a otro nivel.

nmarin@alvarezymarin.com

La autora es politóloga.

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.