Jorge Vargas Cullell. 20 octubre, 2016

El perro Patán fue uno de los personajes de mis fábulas de niño. Oficiaba en la serie Los autos locos. Encarnaba a un verdadero inútil que se limitaba a acompañar los inevitables fracasos de su malvado amo Piero Nodoyuna. Cuando Piero fallaba contra los buenos y quedaba más magullado que jarro de soda, Patán entraba en escena con una risa burlona y contagiosa, entre asmática y neumático desinflado. De risa en risa, pasó de extra a estrella principal. Lo recuerdo por eso: nunca nadie le regaló nada y, lo que es respetable, no usó su fama para meterse en política. Aún hoy dan episodios perdidos de Patán por ahí.

Mucha gente joven se encogerá de hombros y dirá: “¿Y a mí qué?”. Quizá tengan razón. Sin embargo, déjenme decirles que toda una generación, la que hoy tiene la papa en la mano (en política, organizaciones sociales y negocios), creció viendo a Patán. Y, aunque él se negó a dar clases, es evidente que no pocos aprendieron la esencia de su lección: limitarse a acompañar el movimiento de los demás y, si ellos fallan, observar como si tal cosa para no pringarse por el fracaso. Y, encima, reírse.

Insisto: Patán sale premiado por no hacer nada. Aunque él siempre está donde la acción sucede, otro es el de las tortas y el que paga los costos mientras él se queda bien “cuchito”. En fin, el arte de sobrevivir a toda costa.

Pues bien, no pude evitarlo: una vez que Eduardo Li se rajó aceptando sus negociados con contratos y facturas falsas, me acordé mucho de Patán cuando oí las explicaciones de los actuales jerarcas de la Fedefútbol, su presidente en particular. Él y otros formaron parte de la directiva del Sr. Li, pero ninguno vio nada. Al contrario, ofendidos, le partirían la madre si lo ven en la calle y, para probarlo, quisieron ponerse al frente de la investigación. Se lavan las manos y dicen que ellos “solo” firmaban…

Yo digo: quizá sea necesario menos fábula y más entereza. Renunciar no implica aceptar culpabilidad, pero sí asumir la responsabilidad política sobre el desaguisado. Tienen que apartarse del todo, pues las cosas pasaron por debajo de sus narices: en el mejor de los casos, Li les hizo la “perrita” mil veces, se los bailó totalmente. ¿Qué garantías dan para el futuro?

El país no está para que la actual Fedefútbol haga las de Patán: la Selección de Fútbol es la ilusión de millones. En la vida todos hemos fallado y gente inteligente ha cometido torpezas grandes. Hay dignidad en decir “he fallado”, pero no en jugar a las fábulas. Esa generación, los niños de ayer, ya creció.